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Opinión

Acoso Sexual | El día a día de las mujeres en México

Por San­dra Xime­na Durán Val­dés

Para cual­quier mujer que cami­ne por la calle es muy común que dia­rio le chi­flen, le gri­ten, le hagan señas obs­ce­nas, o sim­ple­men­te se le acer­quen dema­sia­do. Y aun­que cada día te acos­tum­bras más, el mie­do no dis­mi­nu­ye ni siquie­ra un poco… al con­tra­rio.  Pero bueno, eres mujer y así te tocó vivir, tie­nes que tomar tus pre­cau­cio­nes y no pro­vo­car a la bes­tia pero, ¿has­ta dón­de tie­nen que lle­gar esas “pre­cau­cio­nes”?, ¿por qué nos pre­pa­ran para ser pre­ca­vi­das, pero no pre­pa­ran a la socie­dad para pre­ve­nir la vio­len­cia en nues­tra con­tra?

Yo, por ejem­plo, toma­ba mis pre­cau­cio­nes a dia­rio, usa­ba jeans, cami­na­ba acom­pa­ña­da y en luga­res ilu­mi­na­dos, no habla­ba con extra­ños, inten­ta­ba no ser la úni­ca mujer en el camión o en la calle, y me había man­te­ni­do a sal­vo has­ta que, un día, lo últi­mo que pasa­ba por mi men­te era tomar pre­cau­cio­nes.

Era un mar­tes a las 5 de la tar­de, en verano, alguien me había con­ta­gia­do gri­pe y el virus se adue­ñó de mí; me dolía la cabe­za, tenía dema­sia­do flu­jo nasal, cuer­po cor­ta­do y un ago­ta­mien­to extre­mo des­pués de un lar­go día de cla­ses. Ese día, a dife­ren­cia de todos los demás, no me fui en camión, me sen­tía dema­sia­do mal y lo que menos nece­si­ta­ba era cami­nar 20 minu­tos bajo el sol, así que le lla­me a mi mamá y ella pasó por mí, pero antes de lle­gar, hici­mos una para­da en casa de mi tía, quien aca­ba­ba de dar a luz a una her­mo­sa bebé, por lo que deci­dí que­dar­me en el carro, pues no que­ría con­ta­giar a la niña de mi espan­to­sa gri­pe.

No me tar­do ni 20 minu­tos, ahí ven­go”, me dijo mi mamá mien­tras me daba un anti­gri­pal: me lo tomé, baje el vidrio a la mitad, recli­né el asien­to, puse músi­ca y me acos­té, cerré los ojos para repo­sar y, sin dar­me cuen­ta, el anti­gri­pal hizo sus efec­tos y me que­de dor­mi­da. Esta­ba en un frac­cio­na­mien­to resi­den­cial, afue­ra de casa de mi tía, murién­do­me de gri­pa y lo que menos pasa­ba por mi men­te era “sé pre­ca­vi­da”.

Enton­ces pasó, mien­tras esta­ba dor­mi­da: alguien metió la mano por la ven­ta­na, has­ta don­de yo esta­ba recli­na­da, y me estru­jo el bus­to fuer­te­men­te. Yo des­per­té de inme­dia­to muy asus­ta­da y des­con­cer­ta­da, cuan­do me levan­té solo pude ver a dos hom­bres que, corrien­do muy rápi­do, se metie­ron a un bal­dío y los per­dí de vis­ta.

Inten­té alcan­zar­los pero fue inú­til, inten­té reco­no­cer­los pero ni siquie­ra vi sus ros­tros, esta­ba lle­na de mie­do, impo­ten­cia, asco, enojo y no sabía que hacer; vol­ví al carro al tiem­po que mi mamá iba salien­do de la casa, y por algu­na extra­ña razón no le que­ría con­tar, me sen­tía sucia, cul­pa­ble, y defi­ni­ti­va­men­te vio­len­ta­da, pero ter­mi­né por con­tar­le y ella se moles­tó tan­to como yo, fui­mos a bus­car­los, pero de nue­vo, no pudi­mos hallar­los.

Nun­ca supe quié­nes fue­ron, y sigo sin com­pren­der por qué lo hicie­ron. Lo úni­co que sé es que jamás pedí ser vio­len­ta­da, jamás les hice un daño a ellos y yo no soy la cul­pa­ble de lo que me pasó. Era muy difí­cil para mí creer que dos jóve­nes bien ves­ti­dos y en un frac­cio­na­mien­to pri­va­do me habían hecho eso, pero así fue.

Sólo lo hicie­ron por­que yo esta­ba vul­ne­ra­ble, no podían des­apro­ve­char la opor­tu­ni­dad de tocar una bubi, por­que para eso son, ¿no? No podían res­pe­tar mi esfe­ra per­so­nal por­que yo dejé el vidrio aba­jo, y no podían dar la cara por­que ni siquie­ra eso merez­co.

Las muje­res segui­mos sien­do vis­tas como obje­tos y quien diga lo con­tra­rio pro­ba­ble­men­te no cono­ce el mun­do real, habla­mos de dere­chos huma­nos, de Esta­do de Dere­cho, de valo­res y demás, pero la dig­ni­dad de miles de muje­res sigue sien­do piso­tea­da a dia­rio.

No hago esto en for­ma de que­ja, por­que lo que a mí me pasó es nada en com­pa­ra­ción con lo que viven otras muje­res como vio­la­cio­nes, secues­tros, pros­ti­tu­ción, gol­pes, ase­si­na­tos, etc. Lo hago, mejor dicho, en for­ma de con­cien­ti­za­ción, de rom­per el silen­cio. Ya estoy can­sa­da de vivir con mie­do, de no ser libre, y eso sólo va a cam­biar cuan­do las muje­res deje­mos de fomen­tar el machis­mo y cuan­do los hom­bres pue­dan sen­tir empa­tía por noso­tras y refle­xio­nar antes de actuar, y úni­ca­men­te pode­mos lograr ésto median­te la edu­ca­ción, tan­to en la fami­lia como en las escue­las, a todos y todas nos tie­ne que que­dar cla­ro que, hom­bres y muje­res, somos igua­les y mere­ce­mos el mis­mo res­pe­to, en todo momen­to y en todo lugar, no impor­tan las cir­cuns­tan­cias, nadie tie­ne dere­cho de abu­sar de nadie.

 

Ima­gen des­ta­ca­da: Obser­va­to­rio Con­tra el Aco­so Calle­je­ro (OCAC) Chi­le

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