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Arte y Cultura

Blade Runner 2049, o ¿Cómo hacer una secuela respetable?

Por: Erick Villa­se­ñor López

Han pasa­do trein­ta y cin­co años des­de el estreno de Bla­de Run­ner, pelí­cu­la diri­gi­da por el bri­tá­ni­co Rid­ley Scott y adap­ta­da de la nove­la “¿Sue­ñan los Androi­des con Ove­jas Eléc­tri­cas?”. En aque­llos años Rid­ley nos ofre­ció una visión moder­na del cine Noir en un poli­cial con temá­ti­ca Ciber­punk, don­de la dis­to­pía de un mun­do en el que los Repli­can­tes son decla­ra­dos ile­ga­les y per­se­gui­dos por un gru­po lla­ma­do Bla­de Run­ners, encar­ga­dos de aca­bar con dichos repli­can­tes, creó una cin­ta de cul­to y un refe­ren­te de la cien­cia fic­ción.

Este año Denis Ville­neu­ve (Sica­rio, Enemy, Arri­val) nos entre­ga  Bla­de Run­ner 2049, secue­la don­de los ele­men­tos mos­tra­dos en la pri­me­ra cin­ta son res­pe­ta­dos, tal vez dema­sia­do, de una for­ma foto­grá­fi­ca. Y pon­gá­mo­nos sin­ce­ros: Holly­wood nos ha acos­tum­bra­do a fór­mu­las. Segun­das par­tes nun­ca fue­ron bue­nas, aun­que Bla­de Run­ner 2049 pare­ce ser la excep­ción. La pre­gun­ta es ¿A qué cos­to?

Ryan Gos­ling inter­pre­ta a “K”, un Bla­de Run­ner que está a car­go de inves­ti­gar y des­en­te­rrar un secre­to que podría cam­biar el futu­ro tan­to para los huma­nos como para los Repli­can­tes. Cada pis­ta lo lle­va a cues­tio­nar­se sobre su pro­pia exis­ten­cia y cómo todo está rela­cio­na­do con el des­apa­re­ci­do Rick Dec­kard.

Visual­men­te la pelí­cu­la es extra­or­di­na­ria. El len­gua­je de las imá­ge­nes tras­cien­de lo evi­den­te y crea con­cep­tos que no es nece­sa­rio res­pal­dar por diá­lo­gos. En cier­to pun­to pare­ce que no ha pasa­do mucho tiem­po des­de la últi­ma vez que vimos la pri­me­ra par­te. La foto­gra­fía de Roger Dea­kins logra trans­mi­tir lo desola­do y des­es­pe­ran­za­dor que pue­de lle­gar a ser el futu­ro, pero al mis­mo tiem­po acom­pa­ña a los per­so­na­jes en momen­tos reve­la­do­res y melan­có­li­cos, hacien­do de los esce­na­rios un per­so­na­je que apor­ta sen­ti­mien­to a la esce­na.

Por otra par­te la pelí­cu­la es lar­ga. A pesar de ser esté­ti­ca­men­te atrac­ti­va, los per­so­na­jes care­cen de alma, no alcan­za­mos a enten­der sus moti­va­cio­nes, los diá­lo­gos no son tan pro­fun­dos como en la pri­me­ra par­te y lo que debe­ría ser impac­tan­te lle­ga tan tar­de que no pro­vo­ca un sus­pi­ro en el espec­ta­dor.

Y así avan­zan cien­to sesen­ta y tres minu­tos de un espec­tácu­lo visual acom­pa­ña­do de la músi­ca de Hans Zim­mer, don­de los silen­cios tie­nen más sen­ti­mien­to que algu­nos per­so­na­jes. Lo que no hace a esta pelí­cu­la menos impre­sio­nan­te, ya que plan­tea muchas pre­gun­tas sobre el sen­ti­do de la huma­ni­dad, la exis­ten­cia y la empa­tía, y cómo todo ello lo hemos ido per­dien­do has­ta dotar a otros obje­tos de aque­llo que nos dis­tin­guía como huma­nos.

Es difí­cil hablar de una pelí­cu­la cuan­do su ante­ce­so­ra repre­sen­ta tan­to den­tro del sép­ti­mo arte. Más difí­cil es tra­tar de igua­lar ese mate­rial de ori­gen. Res­pon­dien­do a la pre­gun­ta obli­ga­da ¿Es Bla­de Run­ner 2049 una bue­na secue­la? La res­pues­ta es sí, pero paga el mis­mo cos­to que su ante­ce­so­ra: el reci­bi­mien­to del públi­co. Ade­más de no ser una pelí­cu­la fácil de dige­rir, ya que le exi­ge al espec­ta­dor cono­cer no sólo el mate­rial de ori­gen, tam­bién tres cor­to­me­tra­jes que le dan sen­ti­do a esta secue­la. Tal vez ten­gan que pasar unos cuan­tos años para sepa­rar­nos de este mate­rial y poder emi­tir un jui­cio. Quién sabe, en un futu­ro podre­mos decir que es igual de bri­llan­te que la cin­ta del 1982.

Cali­fi­ca­ción: 4 Estre­llas

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