Loading...
¿Qué ver?Cine

Camino a Marte: Un road trip fuera de contexto

El sim­ple hecho de que esta pelí­cu­la obtu­vie­ra un pre­mio en el fes­ti­val de cine de Los Cabos ya nos da un indi­cio del pro­duc­to indus­trial que vamos a ver y por el cual vamos a gas­tar a las salas de cine del país. Y digo gas­tar por­que vamos a per­der más de lo que vamos a ganar al ir a ver­la.

La cuar­ta pelí­cu­la del direc­tor mexi­cano Hum­ber­to Hino­jo­sa nos mues­tra una pre­mi­sa bási­ca y pre­ten­cio­sa de temas expre­sa­dos has­ta el can­san­cio, como lo es la amis­tad, el temor a las enfer­me­da­des ter­mi­na­les y el encuen­tro entre dos cul­tu­ras dis­tin­tas que al final resul­tan ser una para la otra.

La anéc­do­ta es muy sim­ple: dos ami­gas esca­pan en bus­ca de una pla­ya espe­cí­fi­ca en Baja Cali­for­nia para olvi­dar la enfer­me­dad ter­mi­nal de una de ellas. En el camino y por cues­tio­nes for­za­das del des­tino, reco­gen a un hom­bre que dice ser un extra­te­rres­tre y que va a des­truir la tie­rra. En el tra­yec­to se esta­ble­ce una rela­ción muy extra­ña entre ellos, don­de viven un via­je para el encuen­tro de ellos mis­mos.

Camino a Mar­te es pre­ten­cio­sa en cuan­to a su cine­ma­to­gra­fía, tene­mos innu­me­ra­bles encua­dres fue­ra de foco don­de lo úni­co que pode­mos enten­der al res­pec­to es que qui­sie­ron ver­se “artís­ti­cos” sin jus­ti­fi­ca­ción algu­na.

El guión, escri­to entre el direc­tor Hum­ber­to Hino­jo­sa y Anton Goe­ne­chea, guio­nis­ta con el que escri­bió Paraí­so per­di­do, fue­ra de dos o tres diá­lo­gos inte­li­gen­tes nos deja con más dudas que cer­te­zas al crear vacíos de con­ti­nui­dad en los que en nin­gún momen­to se nos expli­ca por qué dejan salir del hos­pi­tal a una enfer­ma ter­mi­nal o por qué su fami­lia no hace nin­gún esfuer­zo por bus­car­la o por qué el supues­to extra­te­rres­tre escri­be una fór­mu­la inmen­sa que al final no sir­ve ni se jus­ti­fi­ca para nada.

Pero lo más absur­do lo vemos en el encuen­tro román­ti­co entre Mark, nues­tro extra­te­rres­tre, y Emi­lia, con su enfer­me­dad ter­mi­nal, dos espe­cies dis­tin­tas que gené­ti­ca­men­te no ten­drían por qué reac­cio­nar de igual for­ma.

En cuan­to a la labor acto­ral es de pen­sar­se que Luis Gerar­do Mén­dez eli­gie­ra pre­ci­sa­men­te este guión entre 30 pro­pues­tas y que le pare­cie­ra el más crea­ti­vo, lo que nos obli­ga a pen­sar ¿Cómo esta­rían los otros 29? y qué tan poca cul­tu­ra cine­ma­to­grá­fi­ca tie­ne para no dar­se cuen­ta en las simi­li­tu­des que tie­ne con “K-pax” (Softley, 2001) y la argen­ti­na “Hom­bre miran­do al sud­es­te” (Subie­la, 986). Res­pec­to a las actua­cio­nes feme­ni­nas tene­mos una Cami­la Sodi con un acen­to nor­te­ño suma­men­te fal­so en un per­so­na­je don­de se repi­te a ella mis­ma una vez más y a Tes­sa Ia res­ca­tan­do el per­so­na­je mal hecho que le die­ron.

Lo que pode­mos elo­giar de la pelí­cu­la es la nota­ble ban­da sono­ra com­pues­ta por Rodri­go Dávi­la, que resal­ta algu­nos momen­tos impor­tan­tes y vis­te muy bien al fil­me jun­to con la músi­ca inci­den­tal con­for­ma­da por artis­tas alter­na­ti­vos como Reyno, Little Jesus, Cos­te­ra entre otros.

En con­clu­sión es una apues­ta del cine mexi­cano dife­ren­te con la que pode­mos entre­te­ner­nos y gas­tar en la dul­ce­ría para com­pen­sar los momen­tos vacíos que nos dejó el guión.

 

Cali­fi­ca­ción: 2 estre­llas

 

Por: Pao­la Sala­zar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *