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Campaña JUNTOS: Respeto, seguridad y dignidad para todos

Por: Liz­bet­te Wen­do­li­ne Carras­co Salas

El mun­do se enfren­ta a su mayor cri­sis de refu­gia­dos des­de la Segun­da Gue­rra Mun­dial. Más de 22 millo­nes de per­so­nas han sido des­pla­za­das por la fuer­za de sus paí­ses, por la gue­rra y la per­se­cu­ción. Por ello, reci­bir a migran­tes y refu­gia­dos no sólo es una obli­ga­ción huma­ni­ta­ria y legal, tam­bién es una inver­sión que pue­de apor­tar bene­fi­cios eco­nó­mi­cos sus­tan­cia­les, con­tri­bu­yen­do a las socie­da­des que los aco­gen en muchas mane­ras, ya sea como tra­ba­ja­do­res, inno­va­do­res, empre­sa­rios, con­tri­bu­yen­tes, con­su­mi­do­res e inver­so­res. Los refu­gia­dos y migran­tes no son una car­ga, sino una opor­tu­ni­dad.

El obje­ti­vo de esta Cam­pa­ña es cam­biar la narra­ti­va (des­in­for­ma­ción y per­cep­cio­nes) sobre refu­gia­dos y migran­tes, resal­tan­do las con­tri­bu­cio­nes eco­nó­mi­cas, cul­tu­ra­les y socia­les que éstos apor­tan a los paí­ses de ori­gen, trán­si­to y des­tino. De este modo, y fomen­tan­do su inte­gra­ción a las socie­da­des recep­to­ras, poner fin al nego­cio mor­tal del trá­fi­co ilí­ci­to con­tra ese seg­men­to pobla­cio­nal flo­tan­te y esta­ble­ci­do.”

Hoy en día, el cons­tan­te flu­jo migra­to­rio pro­ve­nien­te de dis­tin­tos paí­ses como Méxi­co, Repú­bli­ca Domi­ni­ca­na, Sudán del Sur, El Sal­va­dor, Hon­du­ras, Siria, Cuba, etc., hacia otras regio­nes del mun­do para lograr un bien­es­tar mejor es con­si­de­ra­do de gran impor­tan­cia.

Para cam­biar las pers­pec­ti­vas, es nece­sa­rio hacer énfa­sis entre la dife­ren­cia de lo que es un migran­te y un refu­gia­do. Según La Agen­cia de la ONU para los Refu­gia­dos (ACNUR), un migran­te es aque­lla per­so­na que deci­de tras­la­dar­se por elec­ción para con­se­guir mejo­res con­di­cio­nes de vida y man­te­ner una cali­dad de vida favo­ra­ble para su desa­rro­llo. Por su par­te, un refu­gia­do se ve en la nece­si­dad de tras­la­dar­se a cau­sa de con­flic­tos arma­dos, des­pla­za­dos inter­nos y que recu­rren a fron­te­ras cer­ca­nas, es decir, cuan­do la situa­ción no favo­re­ce un ambien­te de paz y encon­trar segu­ri­dad en paí­ses cer­ca­nos.

Lamen­ta­ble­men­te, para muchos de los migran­tes y refu­gia­dos, la tra­ve­sía se tor­na difí­cil cuan­do no solo reci­ben abu­sos de toda cla­se duran­te el camino, sino tam­bién cuan­do sim­ple­men­te no logran subir a algún medio de trans­por­te, no con­si­guen la sufi­cien­te comi­da para sobre­vi­vir o las adver­si­da­des que sig­ni­fi­can las con­di­cio­nes cli­má­ti­cas impi­den su tra­yec­to y, por ende, se ven obli­ga­dos a dejar el camino.

En el año 2015, más de un millón de per­so­nas lle­ga­ron al sur de Euro­pa en botes. De esta can­ti­dad, un 84% pro­ve­nía de los 10 paí­ses que pro­du­cen más refu­gia­dos como Siria, Afga­nis­tán, Irak, Soma­lia, Sudán del Sur, Repú­bli­ca Cen­troa­fri­ca­na, Myan­mar, Eri­trea, Sudán y Repú­bli­ca Demo­crá­ti­ca del Con­go.  En ese mis­mo año, al menos 850.000 per­so­nas cru­za­ron el Mar Egeo des­de Tur­quía hacia Gre­cia y cer­ca de 3.770 per­so­nas murie­ron o fue­ron repor­ta­das como per­di­das en el Mar Medi­te­rrá­neo. Los niños repre­sen­ta­ron el 31% del total de las lle­ga­das, muchos de ellos sepa­ra­dos o no acom­pa­ña­dos, que reque­rían aten­ción y cui­da­dos espe­cia­les, esto según los datos repor­ta­dos por la Agen­cia de la ONU para los Refu­gia­dos (ACNUR).

Ser un migran­te o refu­gia­do es un reto difí­cil, no solo duran­te el pro­ce­so de tras­la­do de un lugar a otro y el hecho de pasar incer­ti­dum­bre en el camino, sino tam­bién, al cru­zar la fron­te­ra y afron­tar los desafíos que sur­gen al lle­gar a su des­tino, debi­do a que una vez den­tro de él tie­nen que bus­car tra­ba­jo, infor­mar a sus fami­lia­res de que están bien y aho­ra, sopor­tar los abu­sos y la dis­cri­mi­na­ción que reci­ben por ser inmi­gran­tes o refu­gia­dos. Esto últi­mo, ter­mi­na limi­tan­do el poten­cial y el gran apor­te cul­tu­ral, eco­nó­mi­co y social que las per­so­nas en esta situa­ción pue­den ofre­cer.

En mi opi­nión, mani­fies­to que como seres huma­nos vivien­do en una mis­ma socie­dad, pode­mos ser un fac­tor de cam­bio para mejo­rar las con­di­cio­nes y la cali­dad de vida de nues­tro entorno como ciu­da­da­nos. Tra­ba­jar JUNTOS por el bien común es tarea de todos y cada uno de noso­tros es res­pon­sa­ble de com­pren­der las dis­tin­tas pro­ble­má­ti­cas que hay hoy en día, no solo en nues­tro país, sino tam­bién en el res­to del mun­do para así encon­trar cami­nos efi­ca­ces en la reso­lu­ción de con­flic­tos y fenó­me­nos socia­les como es el tema aquí abor­da­do.

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