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Opinión

Cifras que lastiman

Por: Flor Joma­rely Tobías Ortiz

Al pasar de estos días me ha sido difí­cil sacar de mi cabe­za algu­nas cifras, es tris­te enfren­tar­me a tal reali­dad numé­ri­ca. Me topé con un artícu­lo “Cada 4 horas se come­te un femi­ni­ci­dio en Méxi­co”, de la pagi­na web Rege­ne­ra­ción que dejó en mí una serie de núme­ros hacien­do eco en la men­te, pues las cifras que pro­por­cio­na­ba deja­ban de ser vacías al tra­tar­se de per­so­nas lo que se repre­sen­ta­ba en ellas; ese amar­go sabor de boca y la rabia que me pro­du­jo el saber que, en Méxi­co, a lo lar­go de los últi­mos diez años, 22 mil 977 niñas, jóve­nes y muje­res adul­tas de todas posi­cio­nes socia­les y enti­da­des fede­ra­ti­vas  han sido for­za­das a cerrar sus ojos y apa­gar su futu­ro de mane­ras vio­len­tas, dolo­ro­sas y peno­sas.

Por­que des­pués de cono­cer la des­agra­da­ble can­ti­dad de muje­res que han sido ase­si­na­das, me doy cuen­ta de que la pro­me­sa que hacen a dia­rio los gru­pos femi­nis­tas, la pobla­ción y el gobierno, de ni una más solo se lan­za al vien­to y no hemos sabi­do cum­plir­la. Por­que en lugar de erra­di­car la cul­tu­ra machis­ta de nues­tro país, la hemos sem­bra­do más, ¿cómo? Al seguir per­mi­tien­do que los medios y nues­tra socie­dad mar­ti­ri­cen a quien le arran­ca­ron la vida.

Al juz­gar a la víc­ti­ma (cómo iba ves­ti­da, la hora en que se encon­tra­ba fue­ra de su casa, las com­pa­ñías con las que se encon­tra­ba y mil excu­sas más que la socie­dad gene­ra para seguir igno­ran­do el hecho) y no al agre­sor, le res­ta­mos res­pon­sa­bi­li­dad, se jus­ti­fi­ca a éste y se apor­tan excu­sas para que se siga repi­tien­do este terri­ble acto de machis­mo.

Si deja­mos de nor­ma­li­zar el aco­so calle­je­ro al nom­brar­lo “piro­po”, si alza­mos la voz por aque­llas com­pa­ñe­ras de tra­ba­jo a la que los supe­rio­res no dejan de hos­ti­gar sexual y/o men­tal­men­te, si en el trans­por­te públi­co defen­de­mos a esa joven que un extra­ño no deja de inco­mo­dar­la con la mira­da o con pala­bras las­ci­vas, este pro­ble­ma irá per­dien­do sus fuer­zas.

Decir es la cul­tu­ra machis­ta del país no hace que el agre­dir, vio­len­tar y matar a una mujer sea nor­mal y se jus­ti­fi­que. Cam­bie­mos esa men­ta­li­dad don­de la mujer es un ser infe­rior.

Todos tene­mos el poder de que en nues­tro Méxi­co se deje de res­tar una mujer cada cua­tro horas.

Res­te­mos el mie­do de las mexi­ca­nas de salir a la calle, de alzar la voz por lo que quie­ren, de ves­tir­se, via­jar y hacer lo que deseen, pues­to que cada per­so­na es due­ña de sí mis­ma y de nadie más.

Aun­que lle­gue a sonar utó­pi­co, real­men­te espe­ro que pron­to deje de aumen­tar esa horri­ble cifra.

¿Será que todo ha evo­lu­cio­na­do, menos nues­tra men­ta­li­dad?

 

Ima­gen des­ta­ca­da: Maritza Piña (OCAC Chi­le)

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