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Vida Universitaria

De Tlatelolco a los porros; 50 años de lucha estudiantil

“Ser joven y  no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”

-Salvador Allende

Ciudad de México, 7 de septiembre de 2018

 

Por: Metzly Gómez

-¡Nosotros ni siquiera somos de la UNAM!-, fue una frase replicada por algunos estudiantes de intercambio en la UNAM, a casi 50 años de la matanza de Tlatelolco.

Y es que no es fácil involucrarse en un movimiento social estudiantil. Nuestra memoria sigue dolida desde aquél fatídico hecho en que la revolución de los estudiantes fue brutalmente reprimida por el Estado en el 68. ¡Ni perdón, ni olvido!, se grita en las consignas, pero ¿Qué hechos hemos perdonado?, ¿Qué cosas hemos olvidado? No puedes sumarte a un movimiento si no comprendes sus razones o si te sientes ajeno a su objetivo e intereses.

El pasado tres de septiembre, frente a la Rectoría de la UNAM en C.U., un contingente de estudiantes del CCH Azcapotzalco se manifestaba pacíficamente, exigiendo justicia en diferentes niveles:

•Por un lado, el esclarecimiento y castigo de los responsables del feminicidio cometido contra Miranda Mendoza, estudiante de CCH Oriente, quien fue secuestrada el 20 de agosto a las afueras del plantel y un día después, su cuerpo fue encontrado calcinado en el Estado de México. También exigían el aumento de la planta docente en el CCH Azcapotzalco, así como salarios justos para los maestros, la eliminación de las cuotas y la devolución de los espacios culturales que servían de protesta en el plantel; en días anteriores habían conseguido la renuncia de su directora, tras la denuncia de las irregularidades en su administración y la presión que ejercieron con el paro de actividades; entre otras demandas que se sumaron a la manifestación del lunes pasado.

Eran alrededor de 150 personas, en su mayoría estudiantes los que participaban en el mitin pacífico, cuando un grupo de porros los atacó con palos, patadas, piedras, tubos y bombas molotov; sin que el equipo de seguridad y vigilancia universitaria interviniera.  Los porros son grupos de choque solapados por autoridades universitarias y/o el gobierno, con el objetivo de romper las protestas estudiantiles. Este tipo de personas pueden o no ser parte de la institución educativa, sin embargo, se autoidentifican como estudiantes de la misma. Dichas agrupaciones tienen su origen activo en el 68, cuando el Estado, en su afán de disolver el contingente de manifestantes y reprimir el movimiento, utilizó grupos porriles para desvirtuar la lucha. A 50 años del violento dos de octubre, los grupos porriles siguen presentes en la máxima casa de estudios del país.

El acto de represión que ocurrió esta semana en C.U. dejó como resultado al menos 6 personas hospitalizadas, dos de ellos se encontraban en estado crítico, uno de los cuales perdió parte de su oreja, pero también dejó un sentimiento de rabia e indignación en la comunidad estudiantil de la UNAM. Horas después de la agresión, en las facultades de filosofía y ciencias políticas ya se llevaban a cabo asambleas para apoyar a los afectados y exigir a las autoridades universitarias el castigo a los responsables, mayor seguridad en la institución, la resolución de las peticiones del CCH Azcapotzalco y la expulsión de los grupos porriles de la universidad.

En cuanto la noticia fue replicándose en todos los rincones de la UNAM, cada vez más escuelas y facultades se solidarizaron con la causa y por medio de asambleas estudiantiles llegaron al acuerdo de ir a paro desde el martes 4 de septiembre y organizar una marcha para exigir justicia.

¡Si nos organizamos ganamos todos!

Los estudiantes se organizaron para manifestar sus inconformidades, tomando las instalaciones educativas y formando comisiones. En cuestión de horas, 40 escuelas y facultades estaban unidas en el movimiento y no sólo de la UNAM, a ellos se sumaron el IPN, la UAM, la UPN, así como organizaciones civiles y sindicatos, que también se agregaron al paro de actividades.

La fecha y lugar fueron establecidos: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, a las 13:00 horas, del cinco de septiembre. Desde las 11 de la mañana comenzaron a darse cita los contingentes  para la marcha, quienes venían armados con pancartas, consignas, valentía, fortaleza, ganas de luchar y la fuerza de su voz. El deseo de justicia hacia los protocolos de seguridad fueron mucho más fuertes que el temor a un nuevo atentado e intento de represión. A las 13:45 horas comenzó a avanzar el mitin, todos unidos con un mismo objetivo: exigir una educación universal, pública, gratuita, democrática y sobre todo  un alto a la violencia contra los estudiantes. En la manifestación hubo apoyo de todo tipo: estudiantes universitarios y preparatorianos, maestros, padres de familia, activistas, trabajadores y hasta niños. Cada uno con sus propias consignas y con la unión del goya; ¡memoria histórica, justicia social! coreaban; por supuesto no podría faltar el pase de lista de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

La manifestación llegó hasta Rectoría de C.U., para después dar espacio a cada uno de los contingentes para expresar su posicionamiento sobre la situación y exponer sus peticiones, así como exigir se recibiera y solucionara el pliego petitorio que dio inicio a todo, el del CCH Azcapotzalco.

¡UNAMos fuerzas!

La marcha tuvo una asistencia de más de 30 mil personas y pudieron observarse todo tipo de muestras de unión y solidaridad. Los alumnos del IPN  subían las escalinatas de la biblioteca central al unísono del goya, mientras que alumnos de la UNAM cantaban emocionados el huélum; para brincar los camellones, los estudiantes hacían mano cadena y se apoyaban mutuamente, otros tantos repartían agua y comida; algunos jóvenes que querían hacer pintas fueron detenidos al grito de ¡El que hace pintas es porro!, mientras otros compartían sombrilla.

Al finalizar los discursos de los representantes de los contingentes, y al ver que el rector no daba la cara, la multitud fue disipándose. Cuando los asistentes ya estaban por salir de C.U., en la entrada de Insurgentes, cerca de Rectoría, se encontraba una valla humana de un grupo autodenominado anarquista, quienes declararon a los mismos manifestantes que estaban custodiando por la amenaza de la llegada de grupos porriles, algo que no sucedió, y aunque un par de estos jóvenes anarquistas trataron de vandalizar las instalaciones, la propia muchedumbre del mitin los replegó hasta que los hizo desistir de su objetivo.

El paro en la mayoría de las facultades y escuelas se extendería hasta el viernes siete de septiembre, puesto que ese día tendría lugar una asamblea interuniversitaria en el auditorio Ho Chi Minh de la Facultad de Economía, en la cual se llegaría a acuerdos para un único pliego petitorio que será entregado a las autoridades universitarias, a las cuales se les dará un determinado tiempo para responder y resolver las demandas de la comunidad.

El rector de la UNAM comunicó que había sido aceptado el pliego petitorio del CCH Azcapotzalco y que siete puntos del mismo serían aceptados y atendidos. También se comunicó un día anterior a la marcha que habían sido identificados 18 estudiantes de distintas escuelas y facultades de la UNAM entre los porros agresores y que ya habían sido expulsados de las escuelas a las que pertenecían y se les había vinculado con  las autoridades correspondientes; de igual forma se comunicó a la comunidad universitaria que las autoridades responsables de la seguridad en el campus habían sido sus pendidas de sus cargos.

Este sábado ocho de septiembre se levantarán la mayoría de los paros para continuar con la jornada escolar, sin embargo, eso no significa que la lucha ha terminado. Esta lucha inició hace más de 50 años. Los resultados que hasta ahora se han obtenido son: el 68 dio la fuerza, fue el inicio de nuevas formas de participación política en la que los principales actores fueron los estudiantes; el 99 hizo pública la educación y en 2018 se busca hacerla democrática, universal y segura. Aún falta muchísimo por recorrer, pero este hecho es un parteaguas en donde se ha reactivado la conciencia, la movilización y la participación en los jóvenes estudiantes. Las formas de organización que tuvieron lugar y que el movimiento fuera orgánicamente estudiantil, da nuevas luces hacia una mejoría en la educación, una de las heridas abiertas del país.

No todos somos de la UNAM, pero somos una misma nación, la educación nos hace libres a todos, nos compete involucrarnos si queremos mejores condiciones de vida y por supuesto una mejor educación.

Que la memoria histórica nos duela no es malo, lo malo es no honrar las luchas previas quedándonos de brazos cruzados ante las injusticias.

 

Imagen destacada cortesía de Metzly Gómez

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