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Arte y Cultura

¿El arte salva? Manifiesto del arte y la creación

Por: Naomi Balderas Acosta 

El artista, como ser sensible, es muchas veces victima de su mente. Y si bien el alma creativa es comúnmente conocida y destacada por sus pasiones, la intensidad con la que vive, siempre da mucho de qué hablar. La vida tormentosa ha perseguido mayormente a los grandes personajes del arte, pero el alivio que encuentran es claro; el arte libera, tranquiliza el alma, conforta la mente ansiosa. Al ser humano creativo se le relaciona con la locura muy a menudo. También muy constantemente encontramos como principal motor para la creación, emociones como la tristeza, la felicidad, el enojo, las pérdidas, las carencias. Cuando un artista sabe encaminar su dolor crea piezas que destacan, claros ejemplos de esto son artistas como Edvard Munch, a quien mucho se recuerda por reflejar la angustia a través de sus obras, como en “El grito”, o a Edgar Allan Poe, quien sufrió de un alcoholismo delirante que lo llevó a escribir sus más célebres obras, o a Vincent Van Gogh que fue diagnosticado con trastorno de bipolaridad y encontró en la pintura un lugar de paz.

De igual manera, una de las principales inspiraciones para la creación artística son los movimientos sociales, las revoluciones, las inconformidades, la contracultura. El arte es un reflejo de la sociedad en la que surge. No hubiéramos tenido la visión que tenemos sobre la revolución mexicana sin el arte que originó; sin el muralismo de Diego Rivera o Alfaro Siqueiros.

Es cierto que en el arte se sabe uno confortado y en calma, seguro. Muchas mentes creativas que se han visto relacionadas con trastornos y enfermedades mentales encontraron en el arte lo que buscaban: salvación y descanso de días llenos de angustia. Es por eso que en realidad el arte sí salva; el arte tiene el alma de todos los que se han valido de él para salir adelante, lleva sangre,  lágrimas y en cada obra hay una voz, ya sea que lleve angustia o felicidad. Resulta liberador y a la vez conmovedor, ya que le pertenece a los que fueron violentamente silenciados, al mismo tiempo que sana heridas. El arte no se reduce solamente a un producto hecho en masa, sino lleva historia, del autor en sí, de su esencia.

Actualmente vivimos inmersos en un sistema que al parecer nos obliga a ser productores de artículos en masa, y no creadores como tal, aunque no solamente se trata de crear, sino de conectarnos con nuestra rasgos más humanos para dotar al arte de esa esencia, de esa alma, de esa sangre, lágrimas y voz. Debemos recordar todos los días que no somos productores en serie, ni máquinas; que sentimos, y podemos transmitir belleza, ya sea con nuestras manos, con nuestra voz, o con nuestro cuerpo. Recordar que somos más que un factor productor en el sistema nos regresa la esperanza y ha sido motivo para numerosos movimientos sociales. El arte también se ha unido a revoluciones y las ha motivado al mismo tiempo; puede ser una corriente y también una contracorriente.

Para crear, bastan la convicción, la pasión y el alma. El arte no es, ni debe ser, para unos cuantos, es una herramienta de los rebeldes. El arte reconforta al inadaptado, incomoda al opresor y libera al oprimido con cantos de protesta, con murales revolucionarios. En cada obra hay sentimientos. Tranquiliza o bien altera al corazón y causa algo, aunque sea asco o desagrado, provoca y evoca sensaciones y emociones, compasivas o de odio. Así es el arte: encuentras en él lo que no buscas, pero que necesitas. Mientras el arte exista, habrá humanidad. NUNCA DEJEMOS DE CREAR, que nunca nos quiten lo que nos mueve.

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