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El leviatán mexicano

Es incom­pren­si­ble la his­to­ria con­tem­po­rá­nea de Méxi­co sin el papel que jue­ga en el esce­na­rio polí­ti­co y social el “PRI” tan­to den­tro del mar­co elec­to­ral como de con­trol  de ges­tión  y de gober­na­bi­li­dad. Redu­cir estas siglas a una sim­ple agru­pa­ción de indi­vi­duos que con­ver­gen en deter­mi­na­dos idea­les sería inexac­to ya que va más allá de eso, por­que una de las con­se­cuen­cias del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio es el naci­mien­to de la con­cen­tra­ción del poder polí­ti­co.  La éli­te triun­fan­te de lucha arma­da edi­fi­ca­ría un par­ti­do ofi­cial, que ten­dría como meta pre­va­le­cer­se en la silla pre­si­den­cial.  Mis­ma   ten­dría como obje­ti­vos legi­ti­mar­se con la socie­dad para así poder rele­var, rete­ner,  y  rea­li­zar trans­for­ma­cio­nes en los dis­tin­tos ámbi­tos ya sean cul­tu­ra­les, eco­nó­mi­cos  y  polí­ti­cos.

El pro­ta­go­nis­mo que adquie­re el Par­ti­do Revo­lu­cio­na­rio Ins­ti­tu­cio­nal en la segun­da mitad del siglo XX lo vuel­ve infa­li­ble, inque­bran­ta­ble, hege­mó­ni­co. Se cen­tra­li­za, se expan­de, y toma una ima­gen Hob­se­nia­na de un mons­truo pre­si­den­cia­lis­ta que tie­ne en sus manos los par­ti­dos polí­ti­cos, los sin­di­ca­tos, las fuer­zas del orden, la desig­na­ción del gabi­ne­te, la des­ti­tu­ción de miem­bros, y el atri­bu­to divino de desig­nar a su suce­sor.

El Esta­do mexi­cano pre­va­le­ció y sopor­tó los movi­mien­tos popu­la­res de la déca­da de los sesen­ta: el movi­mien­to ferro­ca­rri­le­ro, obre­ro, estu­dian­til, magis­te­rial, y el gue­rri­lle­ro. A raíz de la insur­gen­cia las ins­ti­tu­cio­nes se hicie­ron más fuer­tes y encon­trar los meca­nis­mos idó­neos para la repre­sión, la coop­ta­ción, la cen­su­ra, y la infil­tra­ción. El Esta­do pos­re­vo­lu­cio­na­rio poco a poco se des­gas­ta­ría debi­do a la insa­tis­fac­ción social y con ello la opor­tu­ni­dad de cam­bio social pare­cía len­ta pero via­ble.

La tran­si­ción demo­crá­ti­ca nacio­nal ha cau­sa­do una fuer­te polé­mi­ca den­tro de la opi­nión públi­ca ya que muchos afir­man que ni si quie­ra ha comen­za­do u otros ape­lan a que no se ter­mi­na por con­so­li­dar. Sería com­pli­ca­do calen­da­ri­zar el naci­mien­to de una aper­tu­ra demo­crá­ti­ca, qui­zás el avi­va­mien­to y pro­cla­ma más fuer­te de la socie­dad mexi­ca­na pos­re­vo­lu­cio­na­ria seria el movi­mien­to estu­dian­til del “68”, como una lla­ve para abrir puer­tas de diá­lo­go, de nue­vas orga­ni­za­cio­nes, de un giro ins­ti­tu­cio­nal, de liber­ta­des demo­crá­ti­cas, de afian­za­mien­to al dere­cho al voto y a la libre expre­sión. La cla­se polí­ti­ca mexi­ca­na res­pon­de­ría en base al auto­ri­ta­ris­mo  erró­nea­men­te a esas pro­cla­mas  de la juven­tud  mexi­ca­na

La heri­da incu­ra­ble que cau­só el aten­ta­do con­tra el pen­sa­mien­to crí­ti­co en ese enton­ces deja­ba una hue­lla imbo­rra­ble en la memo­ria  nacio­nal, pero a su vez la mis­ma pro­tes­ta cons­trui­ría  un nue­vo camino en la vida de la repú­bli­ca, camino que agru­pa­rá a los sub­al­ter­nos y a dis­tin­tas caras, voces que apor­tan a la inci­pien­te reno­va­ción del sis­te­ma polí­ti­co mexi­cano  y por lo tan­to  son par­te de esa gene­ra­ción libe­ral his­tó­ri­ca del siglo XIX que veía en una futu­ro a la nación fede­ral, repre­sen­ta­ti­va, popu­lar, y demo­crá­ti­ca.

Es has­ta  el año de 1987  cuan­do apa­re­ce  una con­tien­da inter­na. Esta mis­ma es enca­be­za­da por el inge­nie­ro Cuauh­té­moc Cár­de­nas Solór­zano y el polí­ti­co  Por­fi­rio Muñoz Ledo mis­mo que había asu­mi­do  antes la pre­si­den­cia del par­ti­do  revo­lu­cio­na­rio ins­ti­tu­cio­nal. Este movi­mien­to seria bau­ti­za­do como “corrien­te demo­crá­ti­ca” las bases de su dis­cur­so radi­ca­ban en dos aspec­tos prin­ci­pa­les: una par­ti­ci­pa­ción homo­gé­nea den­tro del par­ti­do, sin inje­ren­cias del eje­cu­ti­vo acti­vo en ese momen­to, una aper­tu­ra infor­má­ti­ca, una orga­ni­za­ción que escu­cha­ra los intere­ses de  todo un con­jun­to sería enton­ces una opción, un pel­da­ño para la cons­truc­ción de un nue­vo régi­men ins­ti­tu­cio­nal.  La segun­da línea era modi­fi­car el esce­na­rio elec­to­ral del par­ti­do y del sis­te­ma polí­ti­co vigen­te, que se esfor­za­ba por con­tras­tar una cri­sis eco­nó­mi­ca y una res­truc­tu­ra­ción urba­na, mis­ma cau­sa­da por el terre­mo­to de 1985 en la Ciu­dad de Méxi­co.

La  prin­ci­pal  pro­pues­ta de demo­cra­ti­zar al par­ti­do de Esta­do por par­te de esa éli­te inte­lec­tual, era crear un sis­te­ma para lo cual todos los con­ten­dien­tes para la pre­si­den­cia tuvie­ran la mis­ma posi­bi­li­dad de con­ten­der y com­pe­tir sin la inje­ren­cia del pre­si­den­te en turno. A su vez esta medi­da debe­ría ser amplia­da para con­for­mar un nue­vo mode­lo elec­to­ral, que inclu­ye­ra refor­mas polí­ti­cas que tra­ta­ran a fon­do la legi­ti­ma­ción de las elec­cio­nes,  el pro­ce­so de eva­lua­ción y de publi­ca­ción de resul­ta­dos.  Se gene­ra­rían en 1977 y en 1986 por con­si­guien­te, dos refor­mas polí­ti­cas que arti­cu­la­rían el sis­te­ma de par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na. José Anto­nio Cres­po las enu­me­ra­ría[1] como cam­bios gra­dua­les, esen­cia­les que resol­ve­rían con­flic­tos y  fun­da­men­ta­rán nue­vas bases de cam­bio des­de la socie­dad hacia las éli­tes.  Es así que la corrien­te demo­crá­ti­ca frac­tu­ra­ría al régi­men tri­co­lor e inau­gu­ra­ría un nue­vo espa­cio crí­ti­co opues­to al pre­si­den­cia­lis­mo y a favor de la crea­ción de un nue­vo mode­lo jurí­di­co-elec­to­ral de ges­tión e repre­sen­ta­ción  popu­lar.

Para for­ta­le­cer la inci­pien­te demo­cra­cia  es tras­cen­den­tal  abrir los cana­les de comu­ni­ca­ción den­tro de los par­ti­dos polí­ti­cos y fue­ra de ellos. Para que así exis­tan nue­vas estra­te­gias moder­nas, esta­bi­li­za­do­ras y de cam­bio social. La tran­si­ción demo­crá­ti­ca no es sola­men­te de unos cuan­tos, sino que se  debe entre­la­zar en dis­tin­tas esfe­ras de la socie­dad mexi­ca­na. La plu­ra­li­dad  evi­den­te que se pre­sen­ta  en la actua­li­dad en Méxi­co debe lle­var a la cla­se polí­ti­ca  a com­pren­der las dis­tin­tas  deman­das socia­les.

La nece­si­dad actual del país requie­re un Esta­do social que cons­tru­ya lazos con una socie­dad pro­fun­da­men­te desigual. La fal­ta de cre­di­bi­li­dad que tie­nen las ins­ti­tu­cio­nes hoy nos hace replan­tear­nos la nece­si­dad de recons­truc­cio­nes pro­fun­das que ter­mi­nen por com­ba­tir efec­ti­va­men­te la corrup­ción y la impu­ni­dad.

 

 

 

[1] 1- Inte­grar a la izquier­da revo­lu­cio­na­ria al jue­go elec­to­ral, así pre­su­mi­ble­men­te haría menos atrac­ti­va la vía arma­da y ten­de­ría a mode­rar ideo­ló­gi­ca y estra­té­gi­ca­men­te a la lla­ma­da “izquier­da his­tó­ri­ca”. 2- Garan­ti­zar al can­di­da­to ofi­cial no con­ten­der solo en una elec­ción pre­si­den­cial. 3- Abrir vál­vu­las de esca­pe a la ten­sión ciu­da­da­na. 4- Otor­gar nue­vos estí­mu­los a la opo­si­ción para incen­ti­var su per­ma­nen­cia den­tro del jue­go elec­to­ral. Todo ello, sin poner en jue­go el carác­ter hege­mó­ni­co del sis­te­ma de par­ti­dos. Véa­se: Cres­po, J. (1998), “Los estu­dios elec­to­ra­les en Méxi­co” en Polí­ti­ca y Gobierno. Méxi­co, CIDE, Vol. V, núm. 1, pri­mer semes­tre.

 

Por: Ben­ja­mín Guz­mán

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