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EXHORTO

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Edgar Vicu­ña

 Opti­mus ille ani­mi vin­dex, lae­den­tia pec­tus
vin­cu­la qui rupit, dedo­liut­que semel*

 -Ovi­dio

Tú eres tú y tus expe­rien­cias

Los idea­les, por expe­rien­cia y opi­nión per­so­nal, son crea­dos a fin de las viven­cias y el aspec­to social don­de te desen­vuel­ves. Naces aman­do u odian­do cier­tos com­por­ta­mien­tos, acti­tu­des o ideas de tus pri­me­ros círcu­los de desa­rro­llo; des­pués, con el paso del tiem­po, ter­mi­na­rás sucum­bien­do al auto­ma­tis­mo social, o siem­pre ten­drás el deseo de frac­tu­rar esa ruti­na. De ahí sur­ge la siguien­te pre­gun­ta ¿Qué tan fuer­te debes ser para defen­der tus idea­les?

En nues­tra socie­dad el sen­tir sue­le ser pesi­mis­ta. La gen­te día a día sucum­be y aho­ga sus deseos de frac­tu­rar la ruti­na que se ha teni­do a par­tir de la madu­rez, a estos rum­bos don­de cada vez es más difí­cil encon­trar a alguien que alce la mira­da al cie­lo. Por regla gene­ral te con­vier­tes en fata­lis­ta: en un pano­ra­ma posi­ti­vo, lo peor de todo es enfer­mar­se, dejar­se con­ta­giar por eso que de joven jura­bas des­truir, jura­bas nun­ca ser. ¿Cómo lo haces? Te tien­tan, te ofre­cen ser par­te de la empre­sa, te com­pran tus aires de liber­tad, la espe­ran­za de ser mejor, de tras­cen­der, de com­par­tir y ense­ñar eso que año­ra­bas en la infan­cia.

Una de las vir­tu­des que más valo­ro en las per­so­nas es la for­ta­le­za, dado que gra­cias a quie­nes la ejer­ci­tan me he ins­pi­ra­do a ser fuer­te. La for­ta­le­za en defen­sa de las ideas es el arma más impor­tan­te. Sin embar­go debe estar siem­pre acom­pa­ña­da de sus her­ma­nas vir­tu­des: tem­plan­za, pru­den­cia y jus­ti­cia. Tenien­do estas herra­mien­tas para el con­trol y la cons­ti­tu­ción de la men­te, sin ellas solo nos con­ver­ti­re­mos en el ter­co que solo insis­te para esta­ble­cer su pun­to sin aten­der a los demás, sin cons­truir, sim­ple­men­te cri­ti­can­do.

 “Los idea­les son la esen­cia: sin tu esen­cia eres todo, menos tú”

Exhor­to:

Defien­de tus ideas, lucha por ellas: haz rui­do, y si alguien lle­ga a escu­char­te, siem­bra tu pen­sa­mien­to y este nun­ca mori­rá. Atré­ve­te a cam­biar el mun­do, cum­ple tu sue­ño, no sucum­bas ante la empre­sa: sé fuer­te. Estoy cons­cien­te de que es una tarea difí­cil y no todos tene­mos esa ente­re­za para seguir ade­lan­te, pero sé pru­den­te, apren­de a escu­char: nun­ca lle­ga­re­mos lejos si esta­mos solos, somos más fuer­tes en equi­po. Apren­de a con­ci­liar ideas pues esto no es solo para ti, es para nues­tros padres, hijos, nues­tra socie­dad, nues­tra patria.

Nin­gún pue­blo mue­re si a este le sos­tie­nen las vir­tu­des de sus hijos”

Juan Anto­nio de la Fuen­te Cár­de­nas

 

  • El mejor liber­ta­dor de aquel espí­ri­tu fue quien rom­pió las liga­du­ras que le ata­ban el pecho y dejo de sufrir de una vez por todas” Ovi­dio, Reme­dia amo­ris, vv, 293–294

 

 

 

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