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FÚTBOL A SOL Y SOMBRA

Por Alonso Flores Ramírez

Pocas cosas conectaban al mundo antes del internet. Incluso la sobreinformación generada por éste a veces hace que las noticias de los acontecimientos del otro lado del mundo estén en manos de las grandes empresas de noticias que la acomodan al mejor postor. Entonces, ¿conectados?, sí, aunque no siempre en el mismo canal. Pero el fútbol, desde que existe, llama la atención de muchos, sin necesidad de tweets. Y lo mejor de todo es que la naturaleza del juego todavía permite que no existan dudas de lo que vemos en la televisiòn cada partido.

En los 60’s Pelé, los Beatles y la guerra fría; en los 80’s Queen, Maradona y las Malvinas; hoy Messi, Bruno Mars y Donald Trump.

Aún así es una incógnita para muchos la razón de la trascendencia que tiene el fútbol. ¿Habría sido tan famoso el avionazo en Colombia de no haber transportado al Chapecoense?, ¿Por qué países que no tienen un sustento económico importante, como Brasil o Sudáfrica, arriesgan sus arcas gastando millones de dólares en estadios, aeropuertos, hoteles e infraestructura para albergar un mundial?, ¿Por qué la Copa del Mundo genera más ingresos que todas las olimpiadas juntas?, ¿Por qué el 70 u 80% de los espacios en noticieros deportivos están dedicados al fútbol? ¿Por qué hay iglesias dedicadas a Diego Maradona en Argentina?, ¿Cómo llegó a ser tan fuerte la pasión -y la violencia- al grado de matar a Andrés Escobar por meter un autogol en el 94’?, ¿Por qué el fútbol? ¿Por qué deportes como el básquetbol, el fútbol americano, el béisbol o el tenis no generan tanto alrededor de ellos?

“Rueda la pelota al mundo rueda. Se sospecha que el sol es una pelota encendida que durante el día trabaja y durante la noche brinca allá en el cielo mientras trabaja la luna. Aunque la ciencia tiene sus dudas al respecto. En cambio está probado, y está probado con toda certeza, que el mundo gira en torno a la pelota que gira”. –Eduardo Galeano

A veces quienes lo jugamos no somos siempre conscientes de la universalidad de la que somos parte. A veces olvidamos que también lo juegan en las favelas brasileñas al mismo tiempo que en los obreros barrios de Manchester o en los centros de alto rendimiento en Alemania. Y quizá sea porque no demanda mucha utilería, pues yo sólo necesité cuatro piedras, un balón y tres amigos para jugar una reta en la calle al lado de mi casa. Es la pasión favorita del consumismo pues sólo se necesita una bolsa de plástico azul con blanco para imaginar que eres Messi con la 10 de Argentina. El fútbol es tan popular porque lo pueden jugar el negro Pelé o el blanco Cruyff en igualdad de circunstancias. Porque sólo los regímenes fascistas de la primera mitad del siglo pasado intentaron forzar el resultado; y aún así no lo lograron.

Es verdad que el deporte en general tiene las mismas enseñanzas. Hay cosas como el trabajo en equipo, la tolerancia a la derrota o a la impotencia, la disciplina, el respeto a la autoridad, el aprendizaje que dejan la victoria y la derrota o el enojo por una injusticia arbitral que no son exclusivas del fútbol. Mas es verdad que muchas de estas cosas se le enseñan solo a quien se dedica a jugarlo. Pero creo que se necesita un entretenimiento que genere demasiada pasión como el fútbol para tener una influencia tan fuerte en los que no lo practican. Una influencia que puede llegar a los suicidios brasileños luego del Maracanazo, la influencia diplomática del jugador Didier Drogba para evitar la guerra en Costa de Marfil, su país natal, o la humillación pública de los jugadores de Corea del Norte luego de perder sus tres partidos del mundial del 2010.

Es igual de cierto que el fútbol tiene un tremendo parecido con la vida misma, algo que Diego Simeone no se cansa de decirle a sus dirigidos del Atlético de Madrid. Ojalá fuera completamente igual que la vida, o la vida igual al fútbol. Ojalá alguien entrara por mí cuando estoy cansado. Ojalá alguien me contratara por mi buen desempeño y ahora tenga que vivir en Europa. Ojalá las discusiones largas se arreglaran con una tanda de penaltis. Qué bueno sería que terminado nuestro tiempo, pudiéramos irnos a tiempo extra si las cosas no se han resuelto. Imagino cómo sería la vida si a la mitad de la misma tomáramos un descanso para replantear nuestra estrategia. Ojalá hubiera siempre una persona más sabia en la banda metiéndonos un grito cada que metemos la pata. Ojalá pudiéramos retirarnos cuando queramos. Ojalá tuviéramos siempre un portero detrás que nos salvara de la catástrofe. Ojalá tuviéramos una bonificación monetaria extra cada que metemos gol. Ojalá fuéramos todos tratados por igual. Ojalá que todos pudiéramos patear el balón. Que jugáramos siempre en equipo. Que nuestro objetivo colectivo sea el mismo. Que al final de cada disputa, fuéramos al centro del campo a reconocer al rival. La utopía me hace imaginar que un lado esté conformado por 7 mil millones de personas en el mismo equipo, con el objetivo de marcarle gol a los mismos problemas, aunque la objetividad me hace recordar que la nuestra es una cancha deforme en la que existen muchos equipos intentando meterse gol unos contra otros. Ojalá que quien controle el juego sea más justo, que expulse a los que meten patadas arteras, que amoneste a los que hacen daño pero se les pueda dar una segunda oportunidad, y no sustituyera a quienes todavía se están mandando un partidazo.

Si las personas son los principales actores de este circo, como en el mundo, en el fútbol hay injusticias, alegrías, gente sufriendo, gente gozando, sobrevaloración e infravaloración del trabajo de los protagonistas; inflación de los precios, decisiones políticas directivas en beneficio de los ricos sin importancia del pueblo aficionado, y lamentablemente, corrupción. Hoy las grandes marcas transnacionales se llaman Coca-Cola, Facebook, Real Madrid y FC Barcelona. Los gerentes de marketing de los equipos más ricos y famosos del mundo han sabido impregnar un sentido de pertenencia del aficionado con su marca, tal que a veces llega a ser hasta nacionalista. En cada video de fútbol en YouTube es fácil encontrar debates, discusiones y peleas sobre si es mejor Pelè o Maradona, sobre si Cristiano o Messi, sobre si Real Madrid o Barcelona. Al menos hasta ahora, no he visto tanta discusión por si alguien prefiere Pepsi o Twitter por encima de Coca-Cola o Facebook. Aunque haya tanta gente sin uniforme jugando al fútbol, lo interesante que tiene es que sigue siendo inesperado. El día que se vuelva predecible, lleno de números, monótono, atascado de táctica y movimientos rígidos y robóticos dejará de ser fútbol.

¿Puede alguien hacer de un juego su trabajo? ¿Dedicarse a jugar cuenta como trabajo? Si los jugadores son trabajadores de las empresas, que también  son conocidas como equipos, ¿Siguen jugando? ¿El fútbol es deporte, juego, negocio o entretenimiento? Creo que todas juntas, y solo pocos nos hacen considerarlo todavía un juego, pues si dejaran de  existir los descarados que se atreven a salirse del guión driblando a medio equipo rival, entonces le daría la razón a todos aquellos que dicen que el fùtbol son solo 22 señores persiguiendo un balón.

Ferrán Soriano no pudo nombrar mejor a su libro “La pelota no entra por azar”, pues hoy la objetividad me dice que lo que le pasa al fútbol se decide sin balón. Sin embargo, aún me queda mi lado romántico que se emociona cada que veo desde el gol de Maradona a Inglaterra en el 86’, pasando por cada que veo el gol de Zidane al Leverkusen en la final de la Champions, hasta cuando vi a Dueñas empatando al América en el último minuto del tiempo extra.

Para quererlo, basta escuchar lo que dice Eduardo Galeano del fútbol. Yo lo amo porque en un mundo con tantas malas noticias, el balón gira en arena, pasto, cemento o tierra, causando la alegría que pocas cosas causan. Porque nunca me he enojado tanto como con un árbitro, porque mis mejores y peores recuerdos son con un balón y los guantes puestos; porque me ha dado grandes amistades. Porque si no lo juego me siento incompleto. Porque me hace sentir tan bien que si mañana sale en las noticias que todos los torneos de todos los países, de todos los tiempos, fueron arreglados y todo fue una farsa, yo seguiría jugando retas cada vez que me inviten.

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3 comments
  1. Alberto Davila

    Felicidades Alonso, dicen que lo que bien empieza bien acaba, yo creo que el tuyo es un inicio excelente, hacen mucha falta nuevos narradores y comentaristas, mas por lo que hace a la cantidad, a la calidad, y veo que en tu perspectiva se vialumbra un comunicador deportivo que se atreve a ver mas allá de lo que los tradicionalistas nos interpretan de lo que vemos en pantalla, lo cual comunmente es contradictorio. Que senale y evidencie cuando esos valores de los que hablas se vulneran con las farsas y simulaciones de algunos protagonistas infundiendo el mal ejemplo en los aficionados, sobre todo los niños, en fin, un comunicador que con la inteligencia y lo buenos valores en los que estas formado, llene los espacios de información que la gente nesecita para formar opinion y mejorar como sociedad. Un saludo y un abrazo, la verdad no esperaba menos de ti, por cierto te recomiendo leer a Valdano, si es que no lo jas leido, cuidate!!

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