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Jakeo: Una justificación para el vandalismo.

Cochis­se Freys­si­nier y Dávi­la

Suce­dió en Sal­ti­llo un hecho que puso de cabe­za las redes socia­les duran­te algu­nas horas. La razón es sim­ple: un graf­fi­ti (o tag, como le dicen ellos). El tag fue adju­di­ca­do por una per­so­na a tra­vés de redes socia­les, el cual, a la letra (o lo que se enten­día) decía: Jakeo.

Lo ante­rior fue rea­li­za­do, según el vox popu­li, con mucho tiem­po de ante­la­ción, lo cual, al pare­cer, era una jus­ti­fi­ca­ción, pues “el tag tie­ne ahí mucho tiem­po y has­ta aho­ri­ta se ponen pen­de­jos”, según los comen­ta­rios. Lo ver­da­de­ra­men­te intere­san­te era que el tag esta­ba mal rea­li­za­do, y evi­den­te­men­te, era un graf­fi­ti real­men­te feo, inne­ce­sa­rio y has­ta estú­pi­do.

La ima­gen reve­la que el tag, ade­más de ser feo, fue escri­to en una de las zonas más impor­tan­tes de la ciu­dad de Sal­ti­llo, pues el edi­fi­cio que actual­men­te per­te­ne­ce a un ban­co, for­ma par­te del cen­tro his­tó­ri­co de la ciu­dad, en la calle de Vic­to­ria, al cen­tro de la ciu­dad.

A la orden del día estu­vie­ron comen­ta­rios en con­tra, a favor y demás, la his­to­ria se vol­vió viral y el pre­sun­to res­pon­sa­ble, por tra­tar­se de un deli­to pre­vis­to en el artícu­lo 438 BIS. del Códi­go Penal para el Esta­do de Coahui­la, e inclu­so, tra­tán­do­se de daño en bie­nes de domi­nio públi­co, en cali­dad de deli­to agra­va­do, se encar­gó de res­pon­der la mayo­ría de los cues­tio­na­mien­tos que se le hacían.

La mayo­ría de las per­so­nas estu­vie­ron en con­tra de la pin­ta, raya, tag o graf­fi­ti, no por el hecho de hacer­lo, sino por el lugar don­de fue colo­ca­do, y esto tie­ne toda su razón de ser, por lo que me per­mi­to hacer el siguien­te aná­li­sis.

Antes que nada, se debe com­pren­der las razo­nes por las cuá­les sur­ge el graf­fi­ti en la ciu­dad de Nue­va York, y los ante­ce­den­tes que tie­ne en cuan­to a su expre­sión social, pues si con­tex­tua­li­za­mos el hecho de rayar las pare­des en la épo­ca pre­his­tó­ri­ca, en reali­dad, es una prác­ti­ca huma­na, con­na­tu­ral del ser humano y que, al final de cuen­tas, tie­ne un obje­ti­vo y una razón de exis­tir.

El graf­fi­ti sur­ge como una expre­sión no-cul­tu­ral, y es impor­tan­te par­tir de este supues­to pues la exis­ten­cia del graf­fi­ti no nace con el obje­ti­vo del cual se adju­di­ca aho­ra; era real­men­te una for­ma de ser reco­no­ci­dos a tra­vés de pin­tas en diver­sos luga­res de la ciu­dad de Nue­va York, y que no bus­ca­ba cam­biar ni gene­rar cons­cien­cia de nada, pues gene­ral­men­te se colo­ca­ban pseu­dó­ni­mos.

Es en reali­dad cuan­do la segu­ri­dad públi­ca de la ciu­dad de Nue­va York ata­ca fron­tal­men­te al graf­fi­ti, cuan­do este se vuel­ve un méto­do de liber­tad de expre­sión real, para des­pués ser adop­ta­do por cul­tu­ras under­ground, como vía de expre­sión artís­ti­ca, revo­lu­cio­na­ria y rebel­de. Es enton­ces, al pug­nar por la lega­li­dad o la ile­ga­li­dad del graf­fi­ti, cuan­do este aco­ta su exis­ten­cia y su ver­da­de­ro valor social y cul­tu­ral.

Aho­ra bien, tal vez aho­ra es momen­to de ana­li­zar la exis­ten­cia del graf­fi­ti como ver­da­de­ro méto­do de liber­tad de expre­sión, para lo cual, habrá que iden­ti­fi­car los dos ele­men­tos que inte­gran lo ante­rior: la liber­tad como la facul­tad emi­nen­te­men­te huma­na de cono­cer, com­pren­der y auto­de­ter­mi­nar sus actos desa­rro­lla­dos en un núcleo social. Y, por otro lado, el ele­men­to de la expre­sión, como la mani­fes­ta­ción volun­ta­ria del ser humano sobre las ideas gene­ra­das por su com­pren­sión a tra­vés de la expe­rien­cia, la cog­nos­ci­bi­li­dad, la inte­lec­tua­li­dad, y cua­les­quie­ra otros méto­dos para obte­ner cono­ci­mien­to, acer­ca de un tema inde­ter­mi­na­do.

Por lo ante­rior, podría­se enten­der a la liber­tad de expre­sión como un acto auto­de­ter­mi­na­do de mani­fes­ta­ción de las ideas inhe­ren­tes a una o varias per­so­nas gene­ra­das por medio del apren­di­za­je. Tal vez en este pun­to, se pre­gun­te usted por­qué hago esto, y quie­ra enten­der qué tie­ne que ver con todo.

Pues bien, el graf­fi­ti es en reali­dad un méto­do de liber­tad de expre­sión, sea cual sea su cali­dad artís­ti­ca y téc­ni­ca; el graf­fi­ti es gene­ra­do por un gru­po deter­mi­na­do como un acto de volun­tad mani­fes­ta­do a tra­vés de una pin­ta, que a su vez trans­mi­te un men­sa­je per­te­ne­cien­te al gru­po de per­so­nas que lo rea­li­zan, o bien, lo jus­ti­fi­can. Enton­ces, ¿por qué la socie­dad recha­za el graf­fi­ti si se tra­ta de una for­ma de liber­tad de expre­sión, cuan­do eso es lo pug­na­mos día con día?

La res­pues­ta a lo ante­rior tie­ne una can­ti­dad de ver­tien­tes muy diver­sas que escri­bi­ría una tésis sobre ello y no encon­tra­ría una res­pues­ta real, sin embar­go, la reali­dad y no posi­ble­men­te la ver­dad, es que el ser humano tie­ne apren­di­do un con­cep­to de liber­tad de expre­sión ligth, que no va pre­ci­sa­men­te con la idea de liber­tad de expre­sión de dife­ren­tes gru­pos socia­les.

Evi­den­te­men­te se tra­ta de un gru­po con­tra­cul­tu­ral, que bus­ca ganar un espa­cio a tra­vés de lo que tie­nen al alcan­ce. Es inne­ga­ble que los méto­dos uti­li­za­dos por la cul­tu­ra que hace del graf­fi­ti su for­ma de expre­sar­se, tie­ne la cons­cien­cia de estar expre­sán­do­se, empe­ro, el error de lo ante­rior resi­de par­ti­cu­lar­men­te en uti­li­zar la ban­de­ra de la liber­tad de expre­sión para sobre­pa­sar los dere­chos de los demás.

El con­cep­to que di de liber­tad se refie­re en su par­te final, a los actos desa­rro­lla­dos en núcleo social, y esto tie­ne total sen­ti­do, pues toda vez que el ser humano deci­de, por volun­tad pro­pia, ser par­tí­ci­pe de la colec­ti­vi­dad en la que vive, tie­ne la obli­ga­ción de res­pe­tar las nor­mas de con­vi­ven­cia táci­ta que se gene­ran. Aquí resi­de el error y res­pues­ta a las per­so­nas que defien­den el graf­fi­ti como liber­tad de expre­sión: El hom­bre es un ser social y su par­ti­ci­pa­ción en la socie­dad es tan real que, negar­la, sería redu­cir al absur­do la exis­ten­cia del hom­bre, pues se con­ver­ti­ría en un ani­mal irra­cio­nal. El graf­fi­ti for­ma par­te de una expre­sión de un gru­po con­tra­cul­tu­ral que, al final de cuen­tas, es gene­ra­do a par­tir de la crí­ti­ca a lo prees­ta­ble­ci­do y, por tan­to, for­ma par­te del mis­mo núcleo social en don­de se gene­ra. Deri­van­do lo ante­rior en una pre­mi­sa muy sen­ci­lla: El graf­fi­ti es un acto libre de auto­ata­que.

En reali­dad, el graf­fi­ti, ¿debe­ría ser con­si­de­ra­do arte?, posi­ble­men­te sí, sin embar­go, el obje­ti­vo con­tra­cul­tu­ral de esta expre­sión es pre­ci­sa­men­te la ile­ga­li­dad de sus actos y el con­se­cuen­te daño social, mis­mo teji­do social del que son par­te, por lo que el auto­ata­que reúne todos los ele­men­tos de la liber­tad de expre­sión, con la par­ti­cu­la­ri­dad de que se expre­sa por medio de meca­nis­mos ver­da­de­ra­men­te inne­ce­sa­rios, intras­cen­den­tes, injus­ti­fi­ca­bles y, por últi­mo, caren­tes de gene­ra­ción de cons­cien­cia social.

Al final de cuen­tas, el graf­fi­ti es una mani­fes­ta­ción libre de la expre­sión huma­na, inne­ga­ble­men­te, pero, ¿real­men­te se tra­ta de un acto gene­ra­do a tra­vés de la cons­cien­cia, o sola­men­te de una repre­sen­ta­ción volun­ta­ria de lo que ellos mis­mos des­co­no­cen? Júz­gue­lo des­de su ópti­ca.

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