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Opinión

La marca de Caín en el expresidiario mexicano

Por: Cecilia Rivas

La elección del Mijis en San Luis Potosí hizo estallar un debate en las redes sociales y sociedad en general. La foto donde aparece con pañoleta y una camisa interior que deja expuestos todos sus tatuajes fue utilizada para desestimar su valor moral con adjetivos como “malandro, pandillero” o simples frases irónicas como “aquí les presento a su diputado”, seguido de emojis riendo.

No voy a entrar en el dilema de si el Mijis es o no es lo que se dice. Ya bastantes medios están contrarestando las fake news donde se le acusa de haber recibido sentencia por asesinar a cuatro personas.
La intención de este texto es otra, y para ello voy a destacar en especial un sustantivo aplicado en su contra: expresidiario. Hubo incluso algún post que aseguraba “no querer a un diputado que es un expresidiario no es clasismo, es sentido común”.

¿Sentido común? Expresidiario significa que el acusado recibió una sentencia, misma que cumplió y, por lo tanto, su deuda con la sociedad quedó saldada. Así funciona la justicia. Sin embargo, me queda claro que en México la sociedad no pide justicia; exige venganza.
Y no me parece algo irracional, tomando en cuenta la poca credibilidad con la cual cuenta el sistema judicial mexicano: donde los inocentes son inculpados, los culpables nunca reciben sentencia y los poderosos ni siquiera son enjuiciados.

Esa es la causa de que no creamos en la readaptación de un preso. “En la cárcel nada más se aprenden más mañas”, ¿cuántas veces escuchó eso?
Por eso quieren muerte civil para quien, en algún momento, sea por necesidad o por ventaja, dañó el tejido social. Hasta aquí todo es comprensible. Sin embargo, se debe reconocer que, sin ser un decreto de ley, ese ya es el destino de personas de estratos sociales bajos que fueron presos.

Las fábricas, para emplear a los obreros, les piden cartas de no antecedentes penales. Obreros que ganan cinco mil pesos al mes, necesitan demostrar no haber estado en prisión. Es decir, los expresidiarios, quienes ya saldaron su deuda civil, no pueden tener acceso legal a un salario como ese. ¿Qué le queda entonces a una persona que estuvo en la cárcel, aprendió y quiere reformarse?
“Siempre existen opciones”. Claro. La opción de poner tu propio negocio (para lo cual necesitan una inversión que probablemente no tienen), tener un trabajo informal donde ganen menos de esos cinco mil pesos al mes, o reincidir en la delincuencia.

Si un expresidiario (etiqueta que jamás les permitiremos quitarse, como la marca de Caín en la frente), sobre todas esas categorías, decide aportar a su comunidad a partir de su experiencia, utilizar su vivencia para aleccionar mejorando las condiciones de su sociedad, es algo que todos deberíamos valorar.

En todo caso, si usted pide incapacitar de cargos públicos a quienes, en algún momento de su vida, robaron carteras, abrieron carros, o resolvieron pleitos como se hace en la calle, se está equivocando de delincuentes. Sería más congruente exigir muerte civil a quien, estando en un cargo político, llevó a cabo grandes actos de corrupción. Eso sí sería sentido común. Sin embargo, no vi a quienes critican al Mijis haciendo protesta alguna cuando Humberto Moreira se lanzó de diputado plurinominal. Tampoco los veo marchando o publicando para pedir justicia sobre la Estafa Maestra (muchos de ellos ni sabrán a qué carajos se refiere ese título).

No se confunda, si usted creyó enseguida la aseveración de que el Mijis es un asesino solo por su finta; si asumió que, por ser un expresidiario, no merecía ser representante popular; entonces usted no es justiciero, es vengativo.
Y si, al contrario, no ha reaccionado frente a graves actos de corrupción, solicitando la muerte política de sus autores, también es clasista.
Porque pedir muerte civil para un expresidiario como el Mijis, sí es clasismo. Es una sentencia y disgregación. “Tú delinquiste y, aunque hayas revirado, ya no mereces ser parte de la sociedad. Mucho menos representarla”.

De por sí, los sectores poblacionales donde converge el Mijis y muchos expresidiarios son ya marginados, no solo por las esferas políticas, laborales y económicas, también por la sociedad misma. Comunidades que preferimos hacer invisibles, bajando la mirada cuando pasan a nuestro lado, ofendiéndonos si laboran en nuestro lugar de trabajo.
Y es justo por eso, estoy segura, que el Mijis ganó la diputación en su distrito. Porque un político es un representante. Pedro va al congreso a dar voz a todos aquellos que las clases medias y altas han mantenido callados. A la clase social de los presos, los chavos banda, las mujeres pandilleras y los jóvenes que viven frente a dos oportunidades: delinquir o trabajar bajo condiciones deplorables para obtener un salario incapaz de comprar una canasta básica.

One comment
  1. AnaLuisa

    Excelente disertación, lamentablemente es cierto que la gran mayoría de los mexicanos no sólo discriminan, hacen daño en lo social a quienes les rodean son indolentes e indiferentes a su comunidad, llegando como bien lo mencionas en tu texto a exigir venganza contra los que cometieron un delito, no justicia, de tal modo que la deuda nunca queda saldada y el circulo de oportunidades para ellos se cierra a quedarse dentro de la ilegalidad.

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