//Ahora que Jorge y Javier me han dado nuevos amigos

Ahora que Jorge y Javier me han dado nuevos amigos

Por: Jesús Iván Jiménez Moreno

En febrero de 2014, una asociación dedicada a vender humo mediante el coaching empresarial (asociación a la que pertenecí y representé) invitó al asesor en seguridad de Enrique Peña Nieto y General en la nómina del narco colombiano, Óscar Naranjo Trujillo, a otorgar una conferencia por el aniversario de un programa de becas. En este evento, en la sesión de preguntas y respuestas, un grupo de jóvenes hicieron mención del caso ‘Jorge y Javier’.

Cuando cursaba el tercer año de secundaria solía visitar blogs de contenido noticioso, quizá por la herencia periodística o por la cercanía con los sucesos de violencia que continúan destrozando el país, y recuerdo una discusión sobre el asesinato de dos delincuentes en el Tecnológico de Monterrey; un estudiante llamó hipócritas a sus compañeros que se encontraban sorprendidos por la situación, pero que sabían bien con quién acudir para comprar cocaína y nunca denunciaron.

Al llegar de esa conferencia busqué en Google “Jorge y Javier», y como respuesta encontré, además, varias noticias similares, como la de los jóvenes asesinados en una fiesta de Tijuana porque presuntamente pertenecían al crimen organizado, o la de las chavas desaparecidas porque según los encabezados se lo habían buscado por andar con malas compañías. Así, como esos, el de “Jorge y Javier”, era otro caso más de falsos positivos, de inocentes presentados como delincuentes.

Tiempo atrás escribí el texto «Si Jorge y Javier hubieran sido mis amigos». En este momento recuerdo esa colaboración con algo de melancolía pero ahora comprendo que ese intento de explicar, documentar o recapitular los hechos vergonzosos y crueles de nuestro país, en lugar de provocar tristeza, lágrimas, rabia o impotencia, cosas que naturalmente causaría la impunidad, más bien se convirtió en el basurero del “cómo hacer que todo se trate de mí”.

En ese texto desarrollé una situación imaginaria en la que Jorge era de mis mejores amigos, puesto que tendríamos las mismas anécdotas de los profesores que nos dieron clase en la Secundaria Técnica Estatal Margarita Maza de Juárez o platicaríamos constantemente los recuerdos que de lo bien que se vivía, pero lo pésimo que se educaba en el Ateneo Fuente; platicaba con Javier, nos quejábamos del tráfico y el calor de Monterrey, imaginaba que intentábamos organizarnos para hacer los mismos trayectos a Saltillo, o salir a lugares en las avenidas principales que conectan nuestros campus y poder así ahorrar gasolina.

Sonará muy extraño, pero sin haberlos conocido, les estoy enormemente agradecido por haberme otorgado un círculo increíble de compañeros y amigos. Tras publicar ese texto, la señora que meses atrás me había prestado un espacio para desarrollar un foro en el que buscábamos combatir las absurdas ideas de Dresser y su voto nulo, me mandó un mensaje para platicar sobre la publicación.

Así fue como los estudiantes asesinados a quienes hicieron pasar por delincuentes armados hasta los dientes me conectaron con Casa Tiyahui, lugar de alegrías, tristezas, luchas, derrotas, victorias y constante amor, donde en septiembre del año pasado, en el marco del Festival en Memoria, viví uno de los momentos más bonitos de mi vida ya que al culminar la proyección del documental ‘Hasta los Dientes’ observé un encuentro de solidaridad entre los papás de Jorge, los tíos de Javier, y los compañeros Clemente y Ciriaco, padres que buscan a sus hijos normalistas de Ayotzinapa.

Cerré con una promesa el texto ya que si Jorge y Javier hubieran sido mis amigos, les haría la misma promesa que les hago aunque sean unos desconocidos: “Su familia hará justicia, y ustedes no serán olvidados.”

Mañana, luego de 9 años de su frío asesinato, se celebrará el acto de reconocimiento público de su inocencia y la disculpa del Estado mexicano. Será un gran día y será necesario repetir acciones como esta en todos y cada uno de los casos de injusticia si queremos hacer memoria y rescatar el tejido social.