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Arte y Cultura

Un siglo y nueve cantos de Juan Rulfo

Por: Javier José Rodrí­guez Valle­jo

Los cuen­tos de Juan Rul­fo per­so­ni­fi­can el pen­sa­mien­to de los cam­pe­si­nos que vivie­ron la pri­me­ra mitad del siglo XX; la vida rural, luga­res inhós­pi­tos en don­de se vive al día.

Así nos han dado esta tie­rra. Y en este comal aca­lo­ra­do quie­ren que sem­bre­mos semi­llas de algo, para ver si algo reto­ña y se levan­ta. Pero nada se levan­ta­rá de aquí. Ni zopi­lo­tes. Uno los ve allá cada y cuan­do, muy arri­ba, volan­do a la carre­te­ra; tra­tan­do de salir lo más pron­to posi­ble de este blan­co terre­gal endu­re­ci­do, don­de nada se mue­ve y por don­de uno cami­na como recu­lan­do.”

Un siglo y nue­ve can­tos de Juan Rul­fo es un home­na­je al pri­mer siglo de vida del autor de Pedro Pára­mo y El gallo de oro. Una peque­ña refle­xión a nue­ve cuen­tos del libro El llano en lla­mas, de dicho autor.

PASO DEL NORTE, es un cuen­to que ilus­tra per­fec­ta­men­te el lla­ma­do “sue­ño ame­ri­cano”, el deseo que tie­nen los indo­cu­men­ta­dos por cru­zar el Río Bra­vo. Es una his­to­ria don­de un joven emi­gra, aban­do­na la tie­rra esté­ril de su pue­blo y se enfren­ta duran­te el camino a diver­sos peli­gros y se topa al final con la amar­ga reali­dad.

DILES QUE NO ME MATEN, rela­ta la vida de Jus­tino, un vie­jo que lucha­ba por sal­var su vida. “Aho­ra que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entra­do unas ganas tan gran­des de vivir como sólo las pue­de sen­tir un recién resu­ci­ta­do”. La his­to­ria se cen­tra en una vie­ja ren­ci­lla entre Juven­cio Nava y Don Lupe Terre­ros, alter­ca­do que aca­bo con la muer­te de Don Lupe, razón por la cual Juven­cio se la vive huyen­do y escon­dién­do­se de la muer­te. Es un cuen­to que sim­bo­li­za la vida de los ran­chos mexi­ca­nos, ahí don­de las cuen­tas pen­dien­tes se pagan tar­de que tem­prano, y en oca­sio­nes son dolo­ro­sas.

NO OYES LADRAR A LOS PERROS, habla de Tona­ya, pue­blo de lunas her­mo­sas y de noches sem­pi­ter­nas, ahí el escri­tor evo­ca recuer­dos nos­tál­gi­cos.

EL DÍA DEL DERRUMBE, habla de la misa sacer­do­tal, del ambien­te sin escrú­pu­los que envuel­ve a los clé­ri­gos.

LUVINA des­cri­be un pano­ra­ma ári­do y des­te­ñi­do, “sin una cosa ver­de para des­can­sar los ojos”, tie­rra blan­ca y bri­llan­te, con vien­to que que­ma la piel, una pla­za desola­da, los niños jue­gan a la luz de la vela, “ape­nas les cla­rea el alba y ya son hom­bres”, las muje­res fla­cas con su cán­ta­ro al hom­bro. El rui­do es el silen­cio, tan solo se escu­cha el ale­teo de los mur­cié­la­gos. Cuen­to que me recuer­da al pue­blo de Aba­so­lo, Coahui­la, Méxi­co. Un lugar con casas aban­do­nas, es el clá­si­co pue­blo de espec­tros, cada que voy camino por sus calles aban­do­na­das, escu­cho los mur­mu­llos de aque­llos que algu­na vez le die­ron vida.

EL LLANO EN LLAMAS, es un can­to al Méxi­co de ayer, ese que algu­na vez aten­dió el lla­ma­do de Fran­cis­co I. Made­ro y se levan­tó en armas en con­tra de la tira­nía y dic­ta­du­ra de Por­fi­rio Díaz. Rul­fo se vale de argu­men­tos lite­ra­rios para recrear la beli­ge­ran­cia de su pro­ta­go­nis­ta Pedro Zamo­ra: “Esta revo­lu­ción la vamos a hacer con el dine­ro de los ricos. Ellos paga­rán las armas y los gas­tos que cues­te esta revo­lu­ción que esta­mos hacien­do.” Tam­bién habla de los ban­di­dos que se roba­ban a las man­ce­bas del pue­blo y de las bala­ce­ras que se desata­ban. “Sen­tía­mos como baja­ban las balas sobre noso­tros […] calen­tan­do el aire que nos rodea­ba”.  Cita esos momen­tos de nos­tal­gia, don­de las per­so­nas aban­do­nan sus tie­rras y des­cri­be como los hijos son el refle­jo de los padres.

LA NOCHE QUE LO DEJARON SOLO, es una his­to­ria de per­se­cu­ción, figu­ra­ti­va­men­te en la vida no hay cami­nos, es ahí don­de reco­bra el valor de saber tomar bre­chas que te per­mi­tan lle­gar a tus sue­ños.

MACARIO es la his­to­ria de un niño que juga­ba a per­se­guir rani­tas, es un per­so­na­je tra­vie­so con mal­dad y ter­nu­ra, obra que narra la pro­mis­cui­dad y la per­ver­si­dad de los niños del cam­po.

TALPA es un cuen­to que ejem­pli­fi­ca la idio­sin­cra­sia del mexi­cano, esa creen­cia en sanar la vida por medio de los mila­gros divi­nos, tam­bién es una his­to­ria que narra la des­leal­tad de los her­ma­nos, da a enten­der que en oca­sio­nes los deseos car­na­les son más pode­ro­sos que la fra­ter­ni­dad.

Juan Rul­fo nació un 16 de mayo de 1917, le toco nacer en tiem­pos revo­lu­cio­na­rios, el pre­si­den­te Venus­tiano Carran­za publi­ca­ba la Cons­ti­tu­ción, había secue­las y cuen­tas pen­dien­tes con los hijos de la Revo­lu­ción de 1910.

El llano en lla­mas es una lec­tu­ra que te per­mi­te ima­gi­nar y via­jar al mun­do rul­fiano, cuan­do ter­mi­ne de leer el libro, mire al cie­lo e ima­gi­ne que unos caba­llos cabal­ga­ban sobre las nubes, a pri­me­ra impre­sión se veían asus­ta­dos por­que les llo­vían balas del Cen­tau­ro y al fon­do con­tem­pla­ba el pai­sa­je un tren en lla­mas.

El bar­do de Coma­la es un escri­tor enjun­dio­so. Sus escri­tos están tan bien redac­ta­dos que per­mi­ten que des­pués de su lec­tu­ra, un niño pue­da deba­tir con un vie­jo, un lec­tor con un escri­tor, es una obra per­fec­ta de la lite­ra­tu­ra mexi­ca­na.

Ale­gó­ri­ca­men­te, Rul­fo, es ese fan­tas­ma que esta­rá pre­sen­te en la vida de los lec­to­res y escri­to­res, su obra vale por sí mis­ma, su len­gua­je es ese mur­mu­llo sem­pi­terno. Un siglo y nue­ve can­tos de Juan Rul­fo me recuer­da a las pala­bras del abue­lo Kiko y de mi padre, “No me dejes morir Javier”.

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