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Una de las mejores decisiones que he tomado: emprender un plan de movilidad

Hola, mi nom­bre es Rolan­do Alon­so Quin­ta­na Cár­de­nas, ten­go 21 años y soy actual­men­te alumno de la Facul­tad de Juris­pru­den­cia en la Uni­ver­si­dad Autó­no­ma de Coahui­la.

Les voy a pla­ti­car sobre una de las más emo­cio­nan­tes y emo­ti­vas expe­rien­cias que he teni­do has­ta aho­ra.

Hace casi un año, en Sep­tiem­bre del 2016, tuve la opor­tu­ni­dad de rea­li­zar una movi­li­dad inter­na­cio­nal, en la cual cur­sé un semes­tre de mi carre­ra de Licen­cia­tu­ra en Dere­cho, en Ita­lia, espe­cí­fi­ca­men­te en la ciu­dad de Sie­na.

Recuer­do per­fec­ta­men­te aquel 3 de sep­tiem­bre del 2016, cuan­do mis fami­lia­res me des­pi­die­ron en el aero­puer­to: me inva­dió una inten­sa sen­sa­ción de tris­te­za al decir­les adiós y fue difí­cil dejar de ver­los mien­tras baja­ba poco a poco las esca­le­ras. No pude con­te­ner el llan­to, pero eso fue lo que me sir­vió de fuer­za para con­ti­nuar con esa gran aven­tu­ra que ape­nas esta­ba comen­zan­do.

Con­ti­núe cami­nan­do mien­tras lim­pia­ba las lágri­mas de mis ojos, recor­dan­do todo el esfuer­zo que hici­mos tan­to yo como mis fami­lia­res, y todo el apo­yo que reci­bí para poder lle­gar has­ta ese momen­to. Y sabía que todo lo que con­ti­nua­ba, val­dría la pena.

El avión des­pe­gó, des­pués de dejar atrás a mi fami­lia, mis ami­gos, mi novia y a Méxi­co y tras varias esca­las y muchí­si­mas horas de vue­lo, por fin esta­ba en el que sería mi país anfi­trión por los pró­xi­mos 5 meses, pero aún no había lle­ga­do a mi ciu­dad des­tino. Esta­ba en el aero­puer­to de la famo­sa ciu­dad de Flo­ren­cia, Ita­lia, la cual se encuen­tra a esca­sas horas de Sie­na.

Al bajar­me del avión sen­tía que lo más difí­cil ya había pasa­do, (en ese pun­to des­co­no­cía total­men­te lo que ven­dría des­pués) así que tomé mis male­tas y me diri­gí entu­sias­ma­do a la sali­da y comen­cé a bus­car el camión que me lle­va­ría a la esta­ción de tren para de ahí tras­la­dar­me a Sena.

Tras cami­nar y bus­car duran­te varios minu­tos y no encon­trar nada, opté por diri­gir­me a un bar (un bar en Ita­lia es muy pare­ci­do a una cafe­te­ría en Méxi­co)  para  pre­gun­tar cómo podría diri­gir­me hacia la esta­ción de tren, tenia la fir­me con­vic­ción de uti­li­zar de for­ma correc­ta y por pri­me­ra vez mi ita­liano en aquel país.

Mien­tras cami­na­ba hacia la cafe­te­ría,  prac­ti­qué una y otra vez la for­ma en la que le habla­ría a la pri­me­ra per­so­na que vie­ra. Lle­gué a la puer­ta y me acer­que hacia una de las mese­ras y le dije con voz fir­me y segu­ra ¿come pos­so anda­ré alla fer­ma­ta ferro­via­ria di Firen­ze?  que en espa­ñol sig­ni­fi­ca: ¿Cómo pue­do ir a la esta­ción de tre­nes de Flo­ren­cia?  Me sen­tí orgu­llo­so de la for­ma en la que lo dije, de mi pro­nun­cia­ción y de todo, pero no esta­ba lis­to para lo que venía a con­ti­nua­ción.

La joven tras escu­char­me, me res­pon­dió enér­gi­ca­men­te y dicién­do­me varias for­mas con las cua­les podría lle­gar a la esta­ción, o eso es lo que yo creí, por­que no pude enten­der prác­ti­ca­men­te nada de lo que me dijo. Al dar­se cuen­ta de que no había podi­do cap­tar casi nada (supon­go que fue por mi cara de asom­bro),  lla­mó a alguien más para que se comu­ni­ca­ra con­mi­go en inglés.

Des­pués de pla­ti­car con esa per­so­na y reci­bir ins­truc­cio­nes, pude diri­gir­me a la para­da del camión.

Ya una vez en la para­da de camio­nes, vien­do que el camión no pasa­ba (la espe­ra entre un camión de ruta y otro en Ita­lia pue­de ser de has­ta 1 hora) me levan­té y pre­gun­té en inglés a un gru­po de per­so­nas si ellos sabían si el camión que pasa­ba por ahí me lle­va­ría has­ta la esta­ción de tren, a lo cual nadie res­pon­dió y solo me vie­ron con extra­ñe­za.

En ese momen­to me dije en voz alta ¿y si me subo al siguien­te camión que pase y me lle­va a otro lado…? y fue cuan­do una joven ita­lia­na inter­vino y me dijo, -Yo tam­bién hablo espa­ñol, lo hablo mal, pero lo hablo.-

Con ella pude resol­ver todas mis dudas sobre el camión. Des­pués de pre­sen­tar­nos, me pre­gun­tó hacia dón­de me diri­gía y le res­pon­dí “a Sie­na”, sor­pre­si­va­men­te ella me dijo que tam­bién se diri­gía hacia allá, pero que no toma­ría el tren por­que era más caro, sino que se iría en camión y que si yo que­ría, me podría ir con ella, a lo cual rápi­da­men­te res­pon­dí que sí.

Des­pués de unas cuan­tas horas de camino y tras muchas foto­gra­fías de los pai­sa­jes, lle­gué final­men­te a Sie­na. No con­te­nía la emo­ción, por fin veía con mis pro­pios ojos lo que antes solo podía ima­gi­nar. Las imá­ge­nes que duran­te tan­to tiem­po bus­que por inter­net, no refle­ja­ban para nada la belle­za de esa ciu­dad.

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Bajé mis male­tas, agra­de­cí al con­duc­tor y empe­cé a cami­nar por esas peque­ñas pero her­mo­sas calles empe­dra­das en bús­que­da de la que me lle­va­ría a mi dor­mi­to­rio.

Traía con­mi­go un peque­ño mapa que me rega­la­ron en Flo­ren­cia; pasé varios minu­tos bus­can­do la calle en dón­de me halla­ba, pero no encon­tra­ba nada, el mapa era muy peque­ño y no la incluía.

Deci­dí empe­zar a cami­nar para ver si podía encon­trar más ade­lan­te algu­na de las calles que sí estu­vie­ra regis­tra­da en el mapa y en eso, una pare­ja de adul­tos mayo­res se me acer­có con un bello y tran­qui­lo ita­liano y me pre­gun­ta­ron si nece­si­ta­ba ayu­da, a lo que res­pon­dí que sí. Les comen­té que que­ría lle­gar a la resi­den­cia uni­ver­si­ta­ria Mat­tio­li.

Yo ima­gi­né que ellos solo me darían ins­truc­cio­nes sobre don­de más o menos esta­ba y cómo podría lle­gar ahí, pero asom­bro­sa­men­te no fue así. Se pro­pu­sie­ron los dos a lle­var­me has­ta la resi­den­cia. Inclu­so el señor insis­tió en lle­var­se mi male­ta gran­de, pero yo no que­ría acep­tar por­que esta­ba cons­cien­te de lo pesa­da que esta­ba y de lo difí­cil que sería tras­la­dar­la sobre las calles empe­dra­das, pero el señor insis­tió e insis­tió has­ta que acep­té.

Cami­na­mos los tres por la ciu­dad, mien­tras ellos me iban dan­do algo de infor­ma­ción sobre dón­de encon­trar algu­nas de las cosas más bási­cas como enfer­me­ría y super­mer­ca­dos y tam­bién me con­ta­ron algo de la his­to­ria de esa ciu­dad y de sus tra­di­cio­nes (podía enten­der al menos las pala­bras impor­tan­tes).

Pasa­dos algu­nos minu­tos de cami­na­ta y de mucha plá­ti­ca, lle­ga­mos a la resi­den­cia uni­ver­si­ta­ria, el señor dejó mi male­ta en la entra­da y antes de que pudie­ra sacar mi car­te­ra para dar­le algo en agra­de­ci­mien­to, él y su espo­sa se reti­ra­ron con una son­ri­sa y deseán­do­me un buen estu­dio.

Me regis­tre con la por­te­ra de la resi­den­cia y subí las cosas al que sería mi cuar­to.  Pos­te­rior­men­te qui­se comu­ni­car­me con mis papás, pero no lo pude hacer, no tenía bate­ría en el celu­lar y el adap­ta­dor para la luz que había com­pra­do no me sir­vió

La ver­dad es que en ese momen­to me sen­tí muy solo, había muy pocas per­so­nas  en la resi­den­cia por­que la mayo­ría esta­ban de vaca­cio­nes y no tenía cómo comu­ni­car­me  con alguien cono­ci­do.

Salí bus­can­do algo de comer, fui a un peque­ño super­mer­ca­do que esta­ba cer­ca pero llo­vía y eso solo empeo­ró las cosas (sen­tía que la noche ya no podía ser peor). En el super­mer­ca­do com­pré una bol­sa de galle­tas y lo que yo pen­sa­ba que era agua natu­ral, pero en el momen­to en el que deci­dí abrir la bote­lla y escu­ché el tan carac­te­rís­ti­co psshhh me di cuen­ta de que no lo era, solo me reí de mí mis­mo y ter­mi­né comien­do mis galle­tas (muy ricas por cier­to) con  agua mine­ral. Así fue como pase mi pri­mer día en Sie­na.  Pue­do decir que sin duda fue la peor noche de mi estan­cia en aquel país

A la tar­de siguien­te des­pués, de com­prar el adap­ta­dor para el car­ga­dor del celu­lar, al fin pude comu­ni­car­me con mis papás pues era la hora en la cual lo podría hacer por la dife­ren­cia de hora­rios.

Les con­té cómo había esta­do mi lle­ga­da, mi pri­mer día y tam­bién cómo me sen­tía en ese momen­to (la ver­dad es que solo que­ría regre­sar­me y no que­ría saber nada más del mun­do, extra­ña­ba mucho a mi fami­lia) pero esa pla­ti­ca con mis papás y con mi novia Caro­li­na, me hizo ver la reali­dad de todo lo que había logra­do, todo por lo que había pasa­do para poder estar has­ta don­de esta­ba y de lo orgu­llo­sos que los hacía el ver que yo esta­ba allá.

Las pala­bras de alien­to y los bue­nos deseos que tenían para mí, eran lo más  impor­tan­te y fue­ron la ener­gía que me ayu­dó a sope­sar los pri­me­ros días de mi estan­cia en Sie­na, en los que esta­ba prác­ti­ca­men­te solo y sin poder hablar con alguien en per­so­na (por­que les pue­do ase­gu­rar que no hay gen­te en el mun­do tan ami­ga­ble como el Mexi­cano).

Es en esos momen­tos es cuan­do real­men­te valo­ras a tu fami­lia. Es tan nor­mal ver­los por la maña­na y dar­les las bue­nas noches al final del día, que no le tomas la impor­tan­cia que debe­rías, has­ta que lle­ga momen­to en el que no los tie­nes físi­ca­men­te para que te den un abra­zo, un beso y te digan “bue­nas noches” o sim­ple­men­te para que te acom­pa­ñen a comer y te saquen pla­ti­ca, y les cuen­tes cómo te fue en el día y la cosas que te pasa­ron, o tus pla­nes para el pró­xi­mo fin de sema­na. Por eso mis­mo, la fami­lia es lo más impor­tan­te que tene­mos en este mun­do.

Con­for­me pasa­ba el tiem­po, los días cada vez se fue­ron hacien­do mejo­res y más lle­va­de­ros (y cómo no, si encon­tré un lugar don­de ven­dían piz­za bara­ta y muy rica  cer­ca de don­de vivía), empe­cé a cono­cer a más per­so­nas, a hacer ami­gos, a salir a cono­cer otras ciu­da­des que esta­ban cer­ca. Y tam­bién a dis­fru­tar de la vida noc­tur­na los fines de sema­na (en Sie­na se usan más los bares, por­que no hay lugar don­de cons­truir una dis­co­te­ca).

Des­pués de un mes de cur­so inten­si­vo de ita­liano, por fin lle­gó mi pri­mer día de cla­ses en la Uni­ver­si­dad de Sie­na. Esta­ba muy emo­cio­na­do, recuer­do haber lle­ga­do tem­prano y con la ilu­sión de hacer aún más ami­gos, en eso, antes de que me pudie­ra aco­mo­dar bien en mi lugar, lle­gó una hor­da de alum­nos que lle­na­ron inme­dia­ta­men­te el salón y detrás de ellos, la maes­tra María Lui­sa Pade­llet­ti, una maes­tra famo­sa por repro­bar alum­nos.

Yo no hacia otra cosa más que obser­var­la y mien­tras lo hacía pen­sa­ba “no se ve tan estric­ta como dicen”. Era una seño­ra de edad gran­de, de pelo rubio, de baja esta­tu­ra, has­ta se veía bue­na onda por­que nun­ca dejó de son­reír, pero todo cam­bió cuan­do se aco­mo­dó en su escri­to­rio, fren­te a unos 100 ban­cos de alum­nos; pren­dió su micró­fono para que todos la pudié­ra­mos escu­char, se pre­sen­tó y al ins­tan­te empe­zó a leer un docu­men­to que traía con­si­go y al mis­mo tiem­po se escu­chó un estruen­do­so soni­do de tecla­dos de compu­tado­ra a máxi­ma velo­ci­dad. Yo esta­ba ano­na­da­do, no sabía qué hacer: si tra­tar, al igual que ellos, de escri­bir todo lo que decía la maes­tra o si le ponía aten­ción para tra­tar de enten­der, en ese momen­to toda­vía me cos­ta­ba algo de tra­ba­jo el enten­der al 100% lo que decían y era aún más com­pli­ca­do si lo decían rapi­dí­si­mo como lo hacía ella.

Lo mis­mo pasó en mis otras mate­rias, los maes­tros hacían lo mis­mo, real­men­te no tenían el cui­da­do, a dife­ren­cia de juris­pru­den­cia, de iden­ti­fi­car a los alum­nos duran­te el cur­so, y pre­gun­tar de dón­de veni­mos, si somos loca­les o forá­neos  y así hacer más ame­na la cla­se.

Los siguien­tes días se fue­ron volan­do, has­ta que lle­go uno de los más espe­ra­dos para mí duran­te mi estan­cia: fue la jubi­la­ción de mi mamá des­pués de 32 años de ser­vi­cio como edu­ca­do­ra y los cele­bra­ría yen­do a ver­me, ¿qué mejor noti­cia y visi­ta podría reci­bir que la de mi mamá?, has­ta aho­ra no se me ocu­rre nin­gu­na mejor.

Era diciem­bre y por ende vaca­cio­nes, así que mi mamá y yo visi­ta­mos algu­nas de las ciu­da­des más impor­tan­tes de Euro­pa duran­te varios días y cerra­mos con bro­che de oro en Sie­na en don­de pasa­mos el año nue­vo.

Des­pués de que mi mamá se regre­só a Méxi­co empe­za­ron mis exá­me­nes, en los que afor­tu­na­da­men­te me fue muy bien. Pre­sen­té dos exá­me­nes ora­les y sin duda el que estu­vo más difí­cil fue el de la maes­tra Pade­llet­ti, creo que ha sido uno de los exá­me­nes para los que más he teni­do que estu­diar en toda la carre­ra.

Una vez con­clui­das mis mate­rias y apro­ba­dos mis exá­me­nes, tenía que regre­sar a mi her­mo­so Méxi­co, el cual me hizo tan­ta fal­ta. Me había pre­pa­ra­do men­tal y psi­co­ló­gi­ca­men­te para el via­je de regre­so, para poder acos­tum­brar­me lo más pron­to posi­ble al hora­rio de Méxi­co.

Cuan­do lle­gué a Madrid, Espa­ña, que era des­de don­de salía mi vue­lo, nos comen­tan que el avión tenía un retra­so y que no íba­mos a poder salir sino has­ta el día siguien­te. Vein­te y tan­tas horas de retra­so, me sen­tía tan cer­ca de Méxi­co pero a la vez tan lejos, lo úni­co que que­ría era lle­gar y poder ver a toda mi fami­lia.

Al día siguien­te salió el vue­lo. Ya había cam­bia­do mi vue­lo de cone­xión para más tar­de, pero des­afor­tu­na­da­men­te el avión no lle­go a la hora pro­gra­ma­da y lo per­dí. Esa noche tuve que pasar­la en el aero­puer­to de Can­cún, ya que no tenía dine­ro y el vue­lo hacia la ciu­dad de mon­te­rrey salía el día siguien­te muy tem­prano y tenía mie­do per­der­lo otra vez.

Pase ahí la noche y al día siguien­te salí muy tem­prano hacia Mon­te­rrey, don­de ya me espe­ra­ban mi fami­lia y Caro. Por fin esta­ba en Méxi­co y con mi fami­lia, can­sa­do, con unos kilos menos pero por fin en casa.

Esta gran aven­tu­ra me ense­ñó a valo­rar muchí­si­mo todo lo que vivi­mos día a día, des­de la faci­li­dad del idio­ma, los abra­zos y el amor de mi fami­lia, las comi­das hechas en casa, el gus­to con el que me reci­ben cada día al lle­gar; me hizo valo­rar tam­bién a mi gen­te, mis ami­gos, mi novia, y la mara­vi­lla de las per­so­nas mexi­ca­nas.

Ésta es la his­to­ria a gran­des ras­gos sobre mi movi­li­dad.

Si tú lec­tor, estás a pun­to de hacer algún pro­gra­ma de movi­li­dad o  pien­sas hacer­lo en un futu­ro. ¡HAZLO! No ten­gas nin­gu­na duda que será una de las mejo­res expe­rien­cias de tu vida, y si aún no lo tie­nes en men­te, o pien­sas que no tie­ne caso, de ver­dad te invi­to a que te ani­mes y te arries­gues a la aven­tu­ra.

Hacer una movi­li­dad, ya sea nacio­nal o inter­na­cio­nal requie­re mucho esfuer­zo, des­de cui­dar tu pro­me­dio para obte­ner una beca, jun­tar todos y cada uno de los requi­si­tos para poder pos­tu­lar­te y cla­ro, aho­rrar dine­ro para poder usar­lo allá.

Pero tam­bién tie­ne gran­des recom­pen­sas que hacen que val­gan la pena todos y cada uno de estos requi­si­tos: cre­ces como per­so­na, te ense­ñas a valo­rar cada uno de los aspec­tos en tú vida, cono­ces otra cul­tu­ra, otras tra­di­cio­nes, apren­des a con­vi­vir con todo tipo de per­so­nas y a enten­der su for­ma de pen­sar y a ver el aspec­to bueno en cada una de ellas, apren­des enor­mes can­ti­da­des de cosas, des­de las más sim­ples has­ta las más com­ple­jas y la suma de todas éstas te ayu­dan a madu­rar y ver la vida des­de otra pers­pec­ti­va, des­de una mucho mejor.

P.D. tam­bién te sir­ve para dar­te cuen­ta que Méxi­co es el mejor país del mun­do.

Dedi­ca­da espe­cial­men­te a mis Padres, a mi novia, a Ivo­ne Mon­tes y a Gise­la Gar­cía que pudie­ron hacer esto posi­ble y sobre todo a mis com­pa­ñe­ros. Espe­ro que com­par­tir­les una par­te de mi expe­rien­cia los moti­ve a rea­li­zar una estan­cia de inter­cam­bio en algún momen­to de su carre­ra, les ase­gu­ro que no se arre­pen­ti­rán.

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