Loading...
Vida Universitaria

Una vez lobo, lobo al rescate y al rescate para siempre

A lo largo de mi estadía en la Universidad Autónoma de Coahuila he participado en diversas actividades, pero sin duda las realizadas con Lobos al Rescate son las que más eco han hecho en mi formación.

Un día mi amigo Fausto Destenave Kuri en ese entonces consejero y ahora egresado de la Facultad de Jurisprudencia me invitó a una brigada para atender parte de nuestra Sierra de Arteaga y acepté ir sin esperar lo que descubriría.

Era sábado y nos citaron a las 8 a.m. por lo que preferí no salir el viernes anterior, me levanté temprano para desayunar, me bañé y alisté con ropa indicada para visitar la Sierra y caminé hasta la calle de Hidalgo, donde se encuentra Extensión Universitaria, una dependencia que nunca había visitado.

Una vez que llegué me registré en un libro de asistencia y comencé a percatarme de que muchos alumnos de diversas escuelas llegaban, subimos a un camión con los logotipos de Lobos y partimos hacia la carretera 57.

Llegamos a un punto que se encuentra pocos kilómetros antes de llegar al parque ‘’Los Chorros’’ nos bajamos del camión y Octavio Delgado (ahora también mi amigo) nos facilitó herramienta y un chaleco con el logotipo de la UAdeC que me puse con orgullo, como si no quisiera quitármelo nunca.

Caminamos hasta una especie de acequia y ahí me llevé la gran sorpresa, todo estaba muy contaminado, así que comenzamos a tratar de revertir el impacto. Encontramos de todo; animales anidando entre las llantas que desechan, muebles flotando en el agua, ropa abandonada e incluso una cantidad considerable de residuos de manejo especial (provenientes de la industria) con todo y las etiquetas de la empresa responsable.

El sentir generalizado era de impotencia, de cansancio, porque a pesar de que se nos fue la mañana eliminando residuos, todo seguía muy contaminado, concluimos la actividad y caminamos cuesta abajo, ahí descubrimos unas cascadas y pude contemplar la diferencia entre un espacio limpio y uno dañado, la paz que se siente al estar ahí apreciando la naturaleza con respeto.

Decidimos comer y todo fue muy ameno, muy fraterno. Por lo que decidí regresar el próximo fin de semana, en el que la rutina fue muy similar, pero se diferenció porque nos dedicamos a sembrar árboles en el ejido Chapultepec de la Sierra de Arteaga.

Fue así que decidí dedicar mis fines de semana a Lobos al Rescate, me convertí en voluntario, hice mi servicio social en este programa y regresé a ser voluntario, ya que me ha regalado mucho conocimiento, grandes amigos y valiosos momentos.

En Lobos al Rescate descubrí otro lado de la sierra, el que está maltratado, el que necesita nuestra protección, aprendí a usar herramientas que no conocía, a dar primeros auxilios, a combatir un incendio, a atender desastres naturales,  descubrí la importancia de la asistencia social a las comunidades más desprotegidas, entendí que cosas simples pueden hacer la diferencia. Viajé y descubrí el compañerismo por encima de la comodidad y la gran satisfacción de trabajar duro por la retribución social.

Somos parte de una universidad pública, nuestros egresados deben tener en mente regresarle algo a la sociedad de lo mucho que aporta para nuestra educación. Es por eso que a un semestre de graduarme deseo que Lobos al Rescate siga vigente.

Fui Lobo al Rescate como Consejero Directivo y lo soy siendo Presidente de la Sociedad de Alumnos “Antonio Caso” de la Facultad de Jurisprudencia. Sé que seguiré siendo Lobo egresado, pero lo más indispensable es que se integren nuevas camadas y luchen por todo lo que muchos hemos descubierto en este programa.

¡Que descubran lo que es ser un Lobo al Rescate! Y van a querer ser un Lobo al Rescate por Siempre.

Un saludo y abrazo para Chema González Lara, el Ing. Mariano, Juan Delabra, Octavio Delgado y compañía. Todos grandes amigos y Lobos al Rescate.

 

Por: Juan Manuel González Zapata

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *