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Zapal 2018, un peldaño más para los festivales en Saltillo

Por: Erick Villaseñor

Han pasado unos cuantos días después de la tercera edición de Zapal, y podemos estar seguros de algo: Saltillo es una ciudad donde, cada vez más, existe una propuesta cultural y de entretenimiento de calidad que bien podría competir en un futuro con los estados cercanos a nosotros. Este festival nos invita a ver a Saltillo con otros ojos, hacia arriba y con la frente en alto.

Muy temprano los asistentes se dieron cita en la Hacienda el Mimbre para disfrutar más de diez horas seguidas de música, exposiciones culturales, muestra gastronómica y la compañía de tradiciones ancestrales como temazcales y danzas.

Con dos escenarios estratégicamente colocados para sonar al mismo tiempo, 22 grupos, entre locales y talentos del resto de la república, mantuviera al público con las expectativas al borde. El escenario emergente se encontraba rodeado de los food trucks, que en esta ocasión eran suficientes para satisfacer a los comensales con un tiempo de espera bastante aceptable. Serbia, Camilo VII, Technicolor Fabrics y Odisseo fueron los primeros en saltar al escenario.

El audio del escenario principal no dejaba espacio para quejas. Se podía escuchar con claridad desde cualquier punto donde se estuviese situado. La sincronía en el tiempo muerto entre grupos podía ser bien utilizado. Mientras algunos aprovechaban el momento para acudir por otra bebida, algunos se dirigían al pabellón cultural, donde se presentaban diferentes exposiciones entre pinturas, murales, obras digitales y esculturas.

DLD reunió a más de tres mil personas en el escenario principal, donde la fiesta iba aumentando cada vez más. Los tapatíos de Porter saltaron a la tarima después, donde los asistentes coreaban canciones como “Huitzli” o “Host a Ghost” con una energía que se contagiaba entre cada uno de ellos. El cielo amenazaba con relámpagos y truenos dejar caer una torrencial lluvia, cosa que afortunadamente no sucedió, aunque de haber pasado nadie se hubiera movido de su lugar, ya que Caloncho estaba a punto de subir al escenario para hacer bailar a todos.

La noche caía, entre la gente que iba y venía de las diferentes actividades se podía escuchar a Cultura Profética. La calidad de este grupo es innegable, la vibra que los puerto riqueños desprenden es contagiosa. El Gran Silencio no dejaba a nadie en su lugar, repitiendo su participación después de la primera edición de Zapal.

Todo marchaba viento en popa. Tocaba el turno de La Maldita Vecindad de hacer lo suyo, cuando de pronto la voz de Alex Lora resonó en los parlantes sorprendiendo a los asistentes. Cambio de planes: El Tri tocaría antes y La Maldita Vecindad se encargaría de cerrar el evento. Esto pareció no generar molestia. El público coreó las canciones de El Tri, pese un abrupto cierre del show dejando sin oportunidad de despedirse a Alex Lora y sus acompañantes.

La Maldita Vecindad subió e hizo lo suyo. Entre coros y buen ambiente la noche terminaba, enmarcándose con fuegos artificiales y la promesa de regresar el próximo año a Zapal.

Más grande, más profesional, con una calidad superior a los años pasados, Zapal es sin duda una promesa dentro de Saltillo. Donde por supuesto aún hay cosas que mejorar, pero es plausible el ánimo con el que se realiza este festival.

Zapal, te vemos en el 2019.

Y a ustedes ¿Qué les pareció Zapal?

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