La domesticación de la historia

Por: Benjamín Guzmán

Con la caída del muro de Berlín en 1989 se cerraba un lapso continuo de luchas sociales contra la hegemonía política imperialista y a su vez se derrumbaba una construcción socialista que germinó en la segunda década del siglo XX.

El triunfo capitalista se haría evidente cuando empezara a deslindarse el marxismo de las ciencias sociales, cosa que daría paso a una etapa posmodernista-oficialista que abandonaría el estudio concreto de la realidad social.  Los estragos de la negación del materialismo histórico por parte del academicismo provocarían un control mediático hacia nuevas generaciones que desconocerían los aportes fundamentales de la teoría política y económica Marxista.  La historiografía ha terminado por sepultar las interpretaciones colectivistas de la historia, por su falta de un sustento objetivo y por tomar partido en procesos definidos. Una de las leyes infalibles que se enseñan desde la cátedra es el alejamiento de una carga ideológica, ya que se afirma  hace estéril un producto sistemáticamente científico.

La historia no es neutral porque el modo en el que nos relacionamos como humanos no es aséptico sino que corresponde a las relaciones capitalistas de producción; el actual Estado capitalista, en donde las personas llevan a cabo sus dinámicas sociales, dista mucho de ser neutral, ya que está tomado por una clase para satisfacer y llevar a cabo sus intereses. Es por eso por lo que la historia se usa desde el poder para legitimar a la clase poseedora de los medios de producción, se transmite a través de ella la ideología y las necesidades e intereses de esta misma clase.[1]

La pregunta básica es: ¿para quién escriben los historiadores del hoy? Una de las posibles respuestas es que escriben para sus iguales, y que son un selecto grupo de profesionistas que tienen depositado en sus manos ni más ni menos que el discurso de la historia. Tal responsabilidad es desaprovechada por distintas universidades públicas en México que se dedican a una producción masiva, sin eco, ni con una sensibilidad de los problemas urgentes de una sociedad moderna y democrática.

El destierro del marxismo ha ocasionado una falta ética-histórica por parte del alumnado del siglo XXI.  La transición “democrática” ha moldeado nuevas instituciones educativas que generarían nuevo conocimiento para superar hecatombes sociales, como las ocurridas en el siglo XX. Pero en vez de eso los resultados fueron contrarios y hay una notable apatía por comprometerse con las causas sociales más apremiantes.

La domesticación de la historia es un hecho singular que se presenta de manera sutil y tiene por objetivo la creación de une generación subordinada a una línea regional. El producto del arrebato del espíritu de crítica de la  historia es la creación de un patrón de reciclaje de investigaciones, sin verdaderos receptores.  Esto representa la señal más clara de un academicismo: la relación semi-feudal entre maestros y alumnos lleva a mantener el monopolio del contenido de la historia, cuando en teoría la lógica seria la constante discusión.

La falta de lectores es un problema recurrente para los que practican la ciencia histórica. La Escuela de las Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila así lo expresa en sus formas.  Jaime Torres Mendoza la adjetivaría como “vulnerada”, por el hecho mismo de no ser participe constante en los grandes escenarios culturales y de debate, y por su poco compromiso social desde la disciplina de reproducir lectores que se interesen por temas sustanciales en la historia nacional.

En su corta estancia como parte de la Universidad Autónoma de Coahuila, la escuela de historia no se ha distinguido precisamente por su alta jerarquía, rigor y profesionalismo para egresar historiadores de carrera. Pues más bien parece una agencia de viajes ocupada en consolidar el turismo cultural, una comunidad de afectos para que los profesores se den vuelos declarando sus debilidades de amor a las alumnas y un centro con apariencia de academia universitaria. [2]

Por último, es necesario recuperar la vivificación de la historia a través de la relectura y del estudio de los grandes autores de las ciencias sociales. Para poder lograr lo más trascendental:  la dialéctica histórica Que permita la conciencia de la realidad por medio de la retrospectiva y de la memoria.

NOTAS

[1]  García, Christian “Sobre la historia, la neutralidad histórica y su praxis” . Artículo en su versión electrónica: http://marxismoyrevolucion.org/wp-content/uploads/2017/03/Sobre-la-historia.pdf

[2] Torres Mendoza, Jaime “Universidad vulnerada”, (2014), páginas: 28-29 la otra lectura Espacio 4.  Edición 498. Del 11, al 24 de noviembre del 2014.  Tomado el: 14 de agosto del 2017.

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